La Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa ha regresado de su 177ª peregrinación después de cinco días marcados por la coincidencia con la visita del papa León XIV al Santuario de Lourdes. Del 24 al 28 de septiembre, 720 personas —220 personas enfermas o con discapacidad, 400 hospitalarios y 100 peregrinos— han participado en una edición excepcional, en la que han podido compartir con el Santo Padre algunos de los momentos más significativos de su estancia en Lourdes. El obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Javier Vilanova, también ha acompañado a la Hospitalidad durante estos días.
«Todos tuvimos nuestro momento: algunos más cerca, otros en un segundo plano, pero todos estábamos en Lourdes y allí sentimos que la Iglesia latía con fuerza», explica el miembro de la Junta, responsable de la Pastoral Hospitalaria y coordinador de jóvenes, Quim Banet. Después de cinco días intensos, resume en una idea la sensación con la que regresan: «Nos sentimos queridos».
Durante los dos días de visita de León XIV, los participantes han estado presentes en la oración en la Gruta de Massabielle, la eucaristía, el rosario con la procesión de las antorchas y el encuentro del Papa con las personas enfermas.
Junto al Papa en Lourdes
Precisamente en la Gruta, durante su oración ante la Virgen, León XIV tuvo presentes «a las personas enfermas y que sufren, así como a todos aquellos que las acompañan, que han venido a buscar fuerza y sanación». Unas palabras especialmente vinculadas a la labor de los hospitalarios, que durante los cinco días de peregrinación han acompañado a las 220 personas enfermas o con discapacidad que han participado.
Uno de los momentos más significativos llegó con el encuentro de León XIV con las personas enfermas en el Accueil Notre-Dame. El Papa les recordó que la dignidad de la persona no depende de sus capacidades ni de su estado de salud. «No sois una carga», les aseguró, sino «el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia».
También invitó a los hospitalarios a acompañar desde la ternura, un mensaje estrechamente vinculado a la labor que la Hospitalidad desarrolla peregrinación tras peregrinación junto a las personas enfermas.
«¡Hemos visto al Papa!»
Banet recuerda especialmente la emoción que se respiraba después del encuentro con el Santo Padre. «“¡Hemos visto al Papa!”, se escuchaba por las habitaciones», explica. Entre las escenas que recuerda, Anabel anunciaba en el comedor que lo había tenido «a un palmo de la cara», mientras Núria miraba la mano con la que había podido saludar a León XIV.
También recuerda a Xavi, que buscaba una fotografía que inmortalizara su momento. «¿Alguien me ha hecho una foto?», preguntaba. Nadie había podido hacérsela, pero finalmente encontraron una publicada por L’Osservatore Romano en la que aparecía tocando al Papa.
Entre los momentos que destaca está también el de una joven con ELA que pudo sentir la mano del Santo Padre. Banet recuerda igualmente a Antonio, a quien Mn. Diego y el seminarista Xavi habían acompañado durante aquellos días y a quien, al llegar el Papa, ayudaron a acercarse a la valla para que pudiera darle la mano.
Otro de los recuerdos que comparte es el de Maria, que recibió un rosario de manos de León XIV. «Estuvo llorando durante una hora porque el Papa le había regalado un rosario. Lo guardará y lo rezará con el recuerdo de la emoción que vivió».
«El Papa de la mirada»
Más allá de los gestos y los saludos, para los miembros de la Hospitalidad hay una imagen de León XIV que ha quedado especialmente grabada después de estos días: su mirada.
«Para nosotros, esta es su gran característica: la ternura de su mirada, la profundidad de sus ojos», asegura Banet. Lo explica a través de otro momento vivido durante el encuentro: «Mariona nos lo dijo: “Me miró y le señalé a la chica a la que acompañaba, y el Papa se acercó a ella”».
«Yo soy feliz de haber estado tan cerca de su mirada», resume Banet.
El encuentro con los enfermos también fue uno de los momentos que León XIV destacó al finalizar su viaje a Francia. Durante el vuelo de regreso a Roma, el Santo Padre recordó especialmente el tiempo pasado en Lourdes «caminando con y acompañando a tantas personas enfermas y que sufren» y destacó cómo la presencia de Dios «toca el corazón de las personas, transforma sus vidas y restaura la dignidad de los enfermos, los ancianos y los marginados».
La 177ª peregrinación de la Hospitalidad concluye así con el recuerdo de unos días excepcionales. La coincidencia con la visita de León XIV ha dejado momentos que los participantes se llevan de regreso a casa, pero también ha reforzado aquello que, edición tras edición, da sentido a su presencia en Lourdes: acompañar, cuidar y poner a la persona enferma en el centro.