Fotografía: Catedral de Barcelona
La Catedral de Barcelona ha acogido este miércoles la tercera y última sesión del ciclo de predicaciones cuaresmales a cargo de Mn. Josep Ramon Pérez, canónigo y deán emérito. Enmarcada dentro del Año Jubilar de la Esperanza, esta última reflexión ha llevado por título «Los jóvenes y las personas mayores como signos de esperanza».
Mn. Pérez ha iniciado su intervención recordando la importancia de encontrar motivos de esperanza en los tiempos actuales, especialmente en la juventud y en la vejez. «Los jóvenes, lamentablemente, a menudo ven que sus sueños se desvanecen. No podemos decepcionarlos», ha afirmado con contundencia. En este sentido, ha destacado el entusiasmo de los jóvenes y su capacidad de compromiso en situaciones difíciles como elementos esenciales para el futuro de la sociedad y de la Iglesia.
El espíritu joven
En su predicación, ha recordado cómo San Juan Pablo II describió seis rasgos que identifican el espíritu joven dentro del Evangelio: la franqueza, el ímpetu por la verdad, la tenacidad en la búsqueda de la fe, el deseo de una vida plena, la conversión personal y el gozo de la compañía de Jesús. A partir de estas ideas, ha subrayado la necesidad de una educación que acompañe a los jóvenes en la construcción de una vida basada en valores sólidos, alejada de la superficialidad y el individualismo. «La educación no es solo hacer feliz, sino preparar para la vida», ha afirmado, haciendo un llamamiento a padres y educadores para asumir su rol con responsabilidad.
Transmisión de fe y valores
En cuanto a las personas mayores, Mn. Pérez ha reivindicado su papel fundamental en la transmisión de la fe y de los valores a las nuevas generaciones. «Las personas mayores son a menudo vistas como receptoras de ayuda, pero en realidad son fuente de sabiduría, apoyo y amor para los más jóvenes», ha expresado. Ha resaltado que la vejez no debe ser considerada un tiempo de pérdida, sino una oportunidad para seguir aprendiendo, enseñando y compartiendo experiencias.
Haciendo referencia al papa Francisco, ha recordado la importancia de una sociedad que reconozca y valore la presencia activa de los abuelos y abuelas en la vida de sus familias y comunidades. También ha destacado la necesidad de fortalecer los vínculos intergeneracionales, creando espacios de encuentro y colaboración entre jóvenes y mayores. «Tenemos motivos de esperanza cuando entendemos que la vejez no es un estado de carencia, sino una etapa plena y rica en experiencias», ha concluido.
Con esta última predicación, la Catedral de Barcelona cierra un ciclo de reflexión cuaresmal marcado por la esperanza, la paz y la misericordia. Un camino de preparación para la Pascua que invita a mirar el futuro con confianza, destacando la importancia de la fe, el compromiso y la solidaridad entre generaciones.