El Arzobispado de Barcelona ha celebrado este domingo 17 de noviembre la VIII Jornada Mundial por los Pobres. «Los pobres, las personas que sufren tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios, ¿cómo podemos hacer para que tengan un lugar privilegiado en el nuestro?», dijo Mn. Angel Zambrana, director del Secretariado de Pastoral por los Marginados en la bienvenida a los participantes, más de 200 en la parroquia de Sant Pau del Camp. Con la ilusión de acompañar a los pobres empezamos una jornada fraternal, y una Eucaristía que celebró Mn. Joan Costa, delegado de Pastoral Social y Caritativa del Arzobispado de Barcelona, amenizada con los cantos de las Hermanitas del Cordero.
«La oración del pobre va de pie al oído de Dios» (Sir, 21,5), era el lema del mensaje del santo Francisco por esta jornada mundial en la que el Pontífice nos recuerda que ésta es una oportunidad pastoral para ayudar a los pobres, también con nuestras oraciones y con una atención espiritual. En la homilía Mn. Costa recordó que «Dios siempre escucha la oración del pobre, y se conmueve por nuestro sufrimiento». Aunque «a veces sólo escuchamos silencio debemos confiar en el Señor. Poniendo como ejemplo a la madre Teresa de Calcuta, dijo que “el amor a Dios lleva a hacer las obras de misericordia»». Es necesario que seamos «peregrinos de esperanza», y en camino hacia el año Santo del 2025 , todos podemos tener estos pequeños detalles de amor: una caricia, nuestra atención, una sonrisa y unas palabras de consuelo.
También concelebraron la misa, el párroco de Sant Pau del Camp, Mn. Joan Cabot, director del Secretariado de Pastoral con los Migrantes, Mn. Peio Sánchez, párroco de la parroquia de la parròquia Santa Anna y director del Hospital de Campaña, y Mn. Josep Vidal, director del Organismo Benéfico y Asistencial (OBA).
En el turno de oraciones, pedimos porqué vemos a los inmigrantes sin recursos como hermanos y no como una amenaza; que nadie tenga que dormir en la calle y tenga acceso a una vivienda; por todas las víctimas de la Dana en Valencia y porque los cristianos no miramos a los excluidos con indiferencia -nadie nació pensando que de mayor sería un marginado- sino que los miramos con ojos amorosos y nos acercamos a ellos.
Y en el turno de las ofrendas, una vela para poner luz a nuestro alrededor; un plato para que todo el mundo tenga suficiente dinero para vivir; una flor como símbolo de la sencillez en nuestro día a día; y el pan y el vino por la consagración, que nos hagan más hermanos entre nosotros con una mirada limpia hacia el otro.
Las actuaciones de los coros Gospel Menorca y Bactua hicieron las delicias de todos los presentes, y después ya todos sentados en largas mesas al aire libre, conversando y disfrutando de la buena compañía y de dos sartenes gigantes, que llegaron a servir más de 200 fideuadas. Todo un gozo ver que un año más esta jornada que preparamos con mucha ilusión ha vuelto a ser un éxito.
Gloria Carrizosa Servije
Voluntaria y periodista del Secretariado diocesano de Pastoral por los Marginados