Fotografía: Dr. Simon
Las palmas, los ramos y las hojas de laurel se han convertido en protagonistas, tanto dentro como alrededor de la basílica de la Sagrada Familia, para celebrar el Domingo de Ramos y dar la bienvenida a la Semana Santa. Fieles de todas las edades han llenado el espacio para participar en la bendición de los ramos y en la misa presidida por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.
«Estamos llamados a mirar a Jesús en la cruz, a dejarnos conmover y amar»
El cardenal ha recordado la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén hace más de dos mil años: «Lo más importante no es que llevaban palmas, sino que abrían el corazón a Jesús». Omella ha invitado a los fieles a hacer lo mismo: abrir el corazón a aquel que viene en nombre del Señor. Ha remarcado que Jesús no nos salva desde la grandeza, sino desde la humillación y el sufrimiento: «Jesús muere en la cruz, flagelado, humillado y destrozado por nosotros. Este es el amor más grande». Y ha añadido: «Todos estamos llamados a mirar a Jesús en la cruz, a dejarnos conmover y amar».
El cardenal también ha hecho un llamamiento a vivir intensamente los días de Semana Santa, participando en las celebraciones y dejándose tocar por la gracia de Dios: «Que nos empapemos del amor de Dios y lo compartamos con los demás. Que seamos como el Cirineo, que ayuda a llevar la cruz, o como la Verónica, que enjuaga el rostro de Jesús en los hermanos que sufren». En referencia a los sufrimientos humanos, ha hecho un paralelismo con la pasión de Cristo: «Cuando oímos hablar de un accidente que afecta a personas cercanas, nos conmovemos. Así también deberíamos conmovernos ante el sufrimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Meditar su pasión debe tocarnos el corazón».
Omella ha destacado que la cruz no es el final, sino el camino hacia la vida eterna: «Jesús, desde la cruz, dice: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y por ese amor, resucita y nos resucitará si ponemos nuestra confianza en Él».
Finalmente, ha invitado a descubrir el rostro de Dios en la eucaristía y en todas las personas, incluso en aquellas que pueden molestarnos o nos generan rechazo: «El Señor está presente en cada hermano. Amémosle y repartamos amor».