Cine espiritual: «Patria»

El crítico de cine espiritual, Mn. Peio Sánchez, analiza la adaptación televisiva de la novela de Fernando Aramburu

Fotograma de la serie televisiva «Patria»
«La serie de televisión más importante del año, estrenada en España». Así definen algunos críticos de cine la adaptación televisiva de la novela de Fernando Aramburu: «Patria». El crítico de cine espiritual, Mn. Peio Sánchez, trata esta semana este «relato necesario» sobre el conflicto vasco a partir de dos momentos cruciales la reavivada de la violencia de ETA y la declaración de la paz.
La miniserie, estrenada recientemente en la televisión y en las plataformas digitales, se construye a partir de ocho episodios. La historia comprende 30 años de la confrontación vasca y estudia el impacto del mismo sobre la sociedad vasca.

Sinopsis

Dos familias de una población vasca, enfocadas desde la perspectiva de dos madres muestran el impacto de ETA, que dividió la sociedad. La relación de las familias se ve representada desde la perspectiva de las dos madres. Por un lado, Bittori, madre de un hombre asesinado, y por otro, Miren, madre de un joven terrorista.
Aunque un día las dos mujeres fueron inseparables, enemistan cuando pasan a representar las dos caras de la moneda. Así, la relación cambia para siempre después de que Txato, el marido de Bittor y empresario vasco, sea asesinado en la puerta de su casa. A partir de ese día, la vida de Bittori y sus hijos da un giro de 360º. Bittori rompe la relación con Miren, el hijo es militante de la banda terrorista
Las dos familias, cada una con su duelo, se enfrenta a las contradicciones morales vez que sus vidas siguen con circunstancias que determinan su futuro.

Un relato para hacer memoria

El crítico de cine espiritual desmiente el famoso dicho que «el tiempo todo lo cura», subrayando que hay que hacer memoria de la historia y, en este caso, explica que supuso el conflicto de ETA. Apunta la fidelidad de la serie con la novela, «un relato necesario» pero, tal y como asegura, son necesarios más relatos para profundizar en todo lo que supuso aquel período de la historia.
Como destaca el crítico, se presenta una sociedad que la violencia dividió en dos bloques representados, a través de nueve personajes y, especialmente, de las dos madres. En este contexto, «se despliega una historia oscura donde la transformación de los personajes es débil, por lo que la esperanza brilla poco», explica Mn. Sánchez. Con todo, – continúa el crítico- «el relato de la realidad es profundo y conmueve». «Muestra una sociedad que se guarda los sentimientos y que se destruye por el dolor y el silencio».

No perder el carácter profético de la Iglesia

En cuanto a la visión de la fe, el crítico hace una especial mención, destacando como el autor de la novela la hace pasar totalmente desapercibida. De hecho, tal y como expone Mn. Peio Sánchez, para el personaje de Miren, más que un «camino liberador y de perdón», la fe aparece como una «excusa tapa- agujeros del drama». Por otra parte, la representación del personaje del sacerdote, llamado Serapio, aparece como «un pastor que consiente y abandona las víctimas». En este sentido, Mn. Sánchez expone que «no representa la totalidad de la Iglesia vasca pero si puede servir de reflejo y penitencia, para reconocer lo que un pastor de la Iglesia no debe ser». «No pierde el carácter de profecía del Evangelio, a pesar de su posicionamiento político», añade.
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