«¿Para quién eres?» Esta pregunta ha sido el lema que ha encabezado este año la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Bajo este mismo interrogante, religiosos y religiosas de la Archidiócesis de Barcelona se congregaron en la Catedral para celebrar esta fecha señalada del calendario, en la que renuevan su compromiso al servicio de Cristo.
La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella, y contó con la asistencia de la presidenta de la Unión de Religiosos de Cataluña (URC), Hna. Susana García del Álamo; del secretario general, Xavier Fortuny, así como de los miembros de la Junta. Entre los concelebrantes, también destacaban el vicepresidente de la URC, el salesiano Joan Codina Giol, y el responsable diocesano de la Delegación para la Vida Consagrada, también salesiano, Joan Josep Moré.
Al inicio de la celebración, el templo quedó iluminado por las candelas que sostenían religiosos y religiosas, así como laicos y laicas, tal como es tradición en la fiesta de la Candelaria, que recuerda la Presentación de Jesús en el templo.
«Somos para nuestro mundo»
A continuación, la presidenta de la URC, Hna. Susana García del Álamo, dio la bienvenida a los asistentes y reflexionó sobre el lema de la jornada, «¿Para quién eres?». En su intervención, afirmó que «la Vida Consagrada es una vocación que nos lleva hacia los hermanos», marcada por «darnos sin pedir ninguna recompensa» y por un compromiso claro con los más débiles. Subrayó que es una vida «para quienes sufren, para quienes lloran y para quienes caminan con esperanza», y una respuesta viva y esperanzadora ante las inquietudes del mundo actual.
García del Álamo remarcó también que la Vida Consagrada es «vida, ilusión y donación», una llamada a vivir el Evangelio en comunidad y a ser «misioneros de esperanza y testigos de los carismas recibidos», destacando su dimensión comunitaria y misionera. Cerró sus palabras afirmando que «somos para nuestro mundo, que tanto necesita una Palabra, un Gesto y una presencia de nuestro Dios».
«Sois una presencia discreta, pero imprescindible»
En su homilía, el cardenal Joan Josep Omella destacó que la Vida Consagrada «solo se entiende a la luz de Cristo, luz que ilumina a las naciones», en el marco de la celebración de la Presentación del Señor. Tomando como referencia las figuras bíblicas de Simeón y Ana, puso de relieve que los consagrados están llamados a ser hombres y mujeres «de espera, de oración perseverante y de una esperanza que no se apaga», fieles a lo largo del tiempo incluso en medio de las dificultades.
El cardenal Omella definió la Vida Consagrada como «luz humilde, no protagonista», llamada a ser «presencia discreta, pero imprescindible», como «una vela que no hace ruido, pero vence la oscuridad». En este sentido, agradeció la labor de tantos consagrados y consagradas que, «desde el silencio, desde la humildad y sin buscar aplausos», sostienen la vida de la Iglesia en ámbitos muy diversos.
Asimismo, remarcó el carácter profundamente misionero de la Vida Consagrada, recordando que «la Iglesia no existe más que para evangelizar» y que evangelizar «no es solo predicar, sino sobre todo amar». En esta línea, animó a los consagrados a vivir la misión desde la comunión, recordando que «la comunión y no la división es el camino evangelizador por excelencia».
Carismas diversos unidos por Cristo
Desde la Delegación para la Vida Consagrada de Barcelona, el responsable P. Joan Josep Moré señala que esta jornada se vive «con gozo y esperanza» y destaca la importancia de visibilizar la labor de los consagrados, realizada a menudo «desde el anonimato».
Resalta la importancia de esta celebración, que reúne «los diferentes carismas de la Vida Consagrada», tanto los de vida contemplativa como los de vida activa, presentes en diversos ámbitos sociales. Tal como señaló, «la vida religiosa es esa pluralidad que permite que la evangelización se extienda» y responda así a la pregunta «¿Para quién es?». Una vida libre, entregada a la llamada de Dios; una vida consagrada que es «para Dios y para Jesucristo».