Cardenal Omella: «Aprendamos de María a ser testigos del amor de Dios en medio del mundo»

La basílica de la Virgen de la Merced y la Catedral de Barcelona han sido los escenarios de la celebración de la Inmaculada Concepción en la Archidiócesis

La basílica de la Virgen de la Merced y la Catedral de Barcelona han sido los escenarios de la celebración de la Inmaculada Concepción en la Archidiócesis. La celebración comenzó el mismo 7 de diciembre, con la tradicional Velatorio de Plegaria en la basílica de los mercedarios. Allí se encontraron los jóvenes de Barcelona y de toda la provincia eclesiástica de Barcelona, que comprende también a los obispados de Sant Feliu y Terrassa. El día de la Solemnidad, 8 de diciembre, el arzobispo de Barcelona, Card. Juan José Omella, presidió la celebración en la catedral.

Vigilia con los jóvenes

Alrededor de unas doscientas cincuenta personas asistieron al velatorio, que presidió el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Vilanova en la basílica de la Merced. El obispo Javier Vilanova y Pellissa también estaba, sentado en primera fila con los obispos Mons. Salvador Cristau y Mons. Agustí Cortés.

El velatorio comenzó con el testimonio de Anabel, una joven de la parroquia de San Vicente de Mollet del Vallès, quien explicó su experiencia en la JMJ de Lisboa. En su relato, destacó cómo este encuentro fue la «mejor experiencia de su vida, en la que redescubrió su fe». A continuación, se dio lugar al velatorio acompañado del canto de los jóvenes barceloneses.

Después del velatorio, desde el Secretariado de jóvenes de Barcelona, se animaron a «vivir el Adviento meditando y guardándolo todo en el corazón», al igual que hizo María, y se invitó a venerar a la Virgen de la Merced en su camarín.

Solemnidad de la Inmaculada

Al día siguiente, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, el arzobispo de Barcelona, Card. Juan Josep Omella, recién llegado de Roma, asistió a la catedral de Barcelona para presidir la misa en la Solemnidad de la Inmaculada. «Una fiesta a muy entrañable, -dijo el Cardenal durante la homilía- que nos recuerda que la Virgen María es la figura central del Adviento».

El Cardenal Omella, abstrajo tres aprendizajes que podemos observar en María, en el Evangelio cuando el ángel le anuncia, que será la Virgen. «Ella es la Madre de la Iglesia, y mirándola podemos aprender a actuar como ella y sentir al igual que ella sintió».

De entrada, el Arzobispo destacó cómo el ángel hace saber a María que Dios le ama. Un amor que Dios nos profesa a todos por ser hijos suyos. «Somos amados por Dios, a pesar de todos los pecados y deficiencias que tenemos todos nosotros. En María, nos reconocemos como hijos de Dios». En segundo lugar, destacó cómo Cada uno tenemos una misión que nos ha dado el Señor y, por otra parte, tenemos una misión común que es «mostrar el amor de Dios en medio del Mundo». En este sentido, Omella destacó la segunda fase del Sínodo, que nos dice, que «todos estamos llamados a evangelizar con la ayuda del Espíritu Santo». «No tenga miedo de ser discípulos misioneros hoy en día. El mundo necesita una palabra de esperanza, amor y perdón. La Iglesia existe para evangelizar».

Por último, señaló la disposición de la Virgen María, hacia el Señor. «Seamos sus servidores en medio del mundo como María. Aprendamos de María a ser testigos del amor de Dios en medio del mundo».

 

Fotgrafías: Vetlla: Agustí Codinach
Fotografías Solemnitat: Catedral de Barcelona

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