La Plataforma de Entidades Cristianas con las Personas Migrantes (PECI) celebró su 20º aniversario el pasado 20 de noviembre de 2025, con un acto central en la Sala de Actos de la Facultad de Comunicación Blanquerna de Barcelona. El evento, que llevaba el lema “20 AÑOS NO SON SUFICIENTES”, permitió reflexionar sobre los cambios en la realidad migratoria de Cataluña y la necesidad constante de la acción social y la denuncia.
La PECI nació como respuesta a las movilizaciones y encierros de inmigrantes sin papeles de 2005 (iniciados en la Iglesia del Pi), que visibilizaban la grave realidad de la irregularidad administrativa y la falta de derechos. El trabajo de la plataforma se ha consolidado como un espacio de reflexión, coordinación e intercambio, fundamental para la acción colectiva y la incidencia política. Actualmente, ante el aumento de los discursos de odio, la plataforma se considera “más necesaria que nunca”.
Intervenciones institucionales
El acto se inició con la presentación de Joan Cabot y Elisabet Ureña, miembros de la Coordinadora de la Plataforma. Tras un vídeo conmemorativo que repasaba la trayectoria de la PECI, intervinieron las autoridades.
David Moya (Director General de Migraciones y Refugio, Generalitat de Catalunya) destacó el valor del trabajo “silencioso” de las entidades, que a menudo actúan como la primera, y a veces única, red de protección. Llamó a tejer más complicidades entre las entidades y las administraciones a todos los niveles para afrontar los retos del país y defender los derechos de las personas migradas.
Sonia Fuertes (Comisionada de Acción Social del Ayuntamiento de Barcelona) enfatizó que el tema de las migraciones tiene que ver con la identidad y con el modelo de sociedad que se quiere construir. Reivindicó la importancia de los datos para desmontar relatos falsos, señalando que en Barcelona tres de cada diez residentes han nacido en el extranjero. También denunció que la sociedad a menudo rechaza a personas que, de hecho, están sosteniendo sectores esenciales como el de los cuidados, bajo condiciones precarias.
Mn. Joan Costa (Delegado de Pastoral Social y Caritativa de la Iglesia de Barcelona) agradeció la labor realizada, subrayando que la motivación de las entidades cristianas es el Evangelio. Citó al papa Francisco para llamar a romper con la “cultura de la indiferencia” y a hacer un “nosotros más grande”, recordando que las personas migradas son “nuestros hermanos”.
Visionado del vídeo conmemorativo
Tras las intervenciones, se proyectó un vídeo conmemorativo que podéis ver clicando aquí.
Mesa redonda: Causas estructurales y la fuerza del contacto
El acto central fue la mesa redonda, moderada por Judit Bonet, con la participación de Miquel Essomba, Blanca Garcés y Pepe Rodado.
Miquel Essomba dibujó el marco general de la problemática, recordando que los discursos de odio y rechazo han intensificado su presencia desde afirmaciones como la de Angela Merkel en 2010 sobre el fracaso del multiculturalismo. Citó datos que muestran cómo la inmigración se ha convertido en el segundo problema percibido por los españoles (tras la vivienda y las cuestiones políticas). Essomba argumentó que esta percepción forma parte de un relato perverso construido y financiado por oligopolios económicos para crear un “enemigo ficticio” que genera miedo y división. Propuso ir más allá de paliar efectos y subvertir las causas macroeconómicas.
Blanca Garcés situó el momento actual como crítico debido a la creciente desigualdad social y la fractura del país. Recalcó que las tensiones relacionadas con la inmigración a menudo no tienen que ver con la diversidad cultural, sino con problemas socioeconómicos mal resueltos, como el acceso a la vivienda. Subrayó que la irregularidad administrativa está profundamente ligada a la informalidad del mercado laboral, especialmente en sectores como los cuidados y la agricultura, donde la demanda de trabajo sin papeles es estructural. La solución pasa por recuperar el concepto de clase y reforzar el capital social para crear tejido comunitario y combatir la desigualdad.
Pepe Rodado aportó la visión desde el trabajo a pie de barrio, enfatizando la importancia de la praxis y la experiencia directa para romper prejuicios, que a menudo son más difíciles de romper que los átomos. Explicó la anécdota del vecino “Pedro”, que asumía discursos xenófobos hasta que el contacto directo y la convivencia con jóvenes migrantes le hicieron cambiar de perspectiva. Rodado destacó que la plataforma debe seguir facilitando estos encuentros y el contacto directo, ya que los datos por sí solos son “fríos”.
Los ponentes coincidieron en que la manera de deshacer el antagonismo y la “alteridad” es a través de la inversión en el contacto y la recuperación de “lo común” (las luchas vecinales compartidas para obtener servicios). También se cuestionó el modelo social actual, basado en “vidas precarias” con salarios mal pagados para sostener los cuidados.
Uno de los retos más urgentes reiterados fue la situación de irregularidad administrativa. Se puso de manifiesto la disfunción del sistema de regularización, donde, pese a las reformas del reglamento, las personas con derecho a regularizarse encuentran obstáculos insuperables para obtener la oferta de trabajo necesaria, cayendo en una enorme frustración.
Lectura del Manifiesto y llamada a la conciencia colectiva
El acto se cerró con la lectura del Manifiesto de la PECI. El documento señala que Cataluña ha sido históricamente una tierra de acogida y que la contribución de la población extranjera (la población total ha pasado de poco más de 6 millones a 8 millones en 25 años) es imprescindible. Para leerlo, clicad aquí.
Entre las reivindicaciones clave del manifiesto destacan:
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promover vías justas y humanitarias de regularización para garantizar estabilidad y derechos;
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garantizar el acceso universal a derechos fundamentales (sanidad, vivienda, trabajo, educación) sin excepción;
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aplicar políticas públicas con perspectiva antirracista y revisar las leyes que no ponen a la persona en el centro;
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fomentar una cultura de respeto a la diversidad, promoviendo la participación de las personas de origen migrante en todos los ámbitos.
El manifiesto concluye con una llamada a la conciencia colectiva y a actuar, movidos por la convicción de que todas las personas son iguales en dignidad y de que solo desde el diálogo y el respeto se puede construir una sociedad inclusiva y justa.
Como cierre, se insistió en que “todas las vidas importan” y que el trabajo sigue siendo vasto y urgente.