
El perdón, la reconciliación
Perdonamos porque antes hemos sido perdonados. Del mismo modo que amamos porque antes hemos sido amados. Es difícil, aunque no imposible, sin la experiencia (interior y exterior) de ser perdonados o de…
El gran reto de todo militante (adulto, joven, niño) de un movimiento de Acción Católica, a lo largo de todo el proceso educativo y de creyente, y en el seno del vínculo de comunión que crea la Eucaristía celebrada en la comunión apostólica, consiste en que saboree (viva en la fe) los dos rasgos […]
El gran reto de todo militante (adulto, joven, niño) de un movimiento de Acción Católica, a lo largo de todo el proceso educativo y de creyente, y en el seno del vínculo de comunión que crea la Eucaristía celebrada en la comunión apostólica, consiste en que saboree (viva en la fe) los dos rasgos clave de la identidad de la Iglesia del Cristo: la comunión, es decir, ser uno solo en Cristo (cf. 1Cor 10,16-17), aunque seamos muchos y diferentes, y la sinodalidad, es decir, caminar todos juntos (el sacerdocio ministerial de los consiliarios ordenados y el sacerdocio común de los militantes) con Cristo y los pobres, a pesar de la diversidad de ritmos, hacia el Reino del Padre, siguiendo el camino ya trazado (cf. Lc 9,51-19,44; Heb 12,2). Reto posible porqué la Acción Católica es la estructura sinodal cotidiana de la Iglesia local, ya que no solo pone en el mismo camino, el de la Iglesia, el de Cristo hacia el Padre, el ministerio apostólico y la vida y la acción de los y de las militantes, sino también la Palabra de Dios recibida con la misma Palabra de Dios a inculturar en la humanidad presente en la diócesis, procurando que llegue de la compleja y plural realidad diocesana.
Y, además de este grande y fundamental reto, podemos añadir tres más: