
Misa por Venezuela
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El arzobispo melquita sirio Jean-Abdo Arbach preside la vigilia de oración en apoyo a los cristianos sirios con su conmovedor testimonio
Fotos: A. Codinach
La basílica de la Sagrada Familia ha sido el escenario de la novena edición del ‘Sent la Creu’, este año en apoyo a los cristianos de Siria. Coincidiendo con el primer domingo de Cuaresma, la vigilia eucarística, organizada por el Secretariado de Pastoral con Jóvenes, ha contado con la presencia del arzobispo melquita sirio Jean-Abdo Arbach y del cardenal Joan Josep Omella. La protagonista ha sido una cruz procedente de una iglesia grecoortodoxa siria, marcada por los impactos de la guerra, que se ha convertido en un recordatorio del sufrimiento de tantos fieles en la región. También se expuso un icono de la Anunciación del ángel a María, «encontrado en el suelo junto con otras imágenes».
Durante su homilía, Jean-Abdo Arbach denunció la difícil situación que se vive en Siria: «Durante la guerra que comenzó en 2011 en Siria, han sido 9 las iglesias cristianas que han quedado totalmente destruidas». También destacó las dificultades que sufren muchos creyentes a causa de la persecución religiosa. «La cruz de Cristo es nuestra esperanza, al mismo tiempo que nos hace pensar con conmoción en muchos hermanos y hermanas nuestros que son perseguidos y asesinados a causa de su fidelidad a Cristo». Además, subrayó que la falta de libertad religiosa no solo afecta a Siria, sino también a otros países donde, a pesar de las garantías legales, «los creyentes y especialmente los cristianos encuentran obstáculos y discriminación».
El arzobispo sirio compartió su testimonio personal, recordando los años más duros del conflicto: «El 27 de diciembre intenté tomar posesión en Homs, pero no pude hacerlo. Todo el centro de la ciudad estaba controlado por el Estado Islámico. Celebré la primera Misa como obispo en un sótano, y alquilé una casa para iniciar la vida pastoral, siempre a distancia porque las ciudades estaban cercadas por los yihadistas». Explicó que las primeras celebraciones religiosas tuvieron que realizarse en la clandestinidad y que hasta 2014 «todos estos pueblos de la diócesis fueron liberados», encontrándose con una destrucción absoluta.
También hizo hincapié en la grave crisis económica que afecta a Siria tras la guerra: «El nuevo gobierno ha despedido a muchos trabajadores cristianos, que ahora no tienen ningún recurso para vivir, en una situación económica muy compleja». Según el arzobispo melquita, «el nivel de pobreza es del 85 por ciento de las familias cristianas». Además, relató las dificultades diarias que sufre la población: «Por ejemplo, solo hay dos horas diarias de electricidad, y mucha gente hace 5 horas de cola para comprar el pan». Finalmente, hizo un llamamiento a la solidaridad internacional para garantizar que los pastores puedan continuar atendiendo a sus comunidades: «Hacer un esfuerzo para fortalecer a los pastores, para que se queden en Siria con su rebaño y no los dejemos de lado». Subrayó además que «Siria es la cuna del cristianismo» y agradeció a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada «su gran trabajo y ayuda».
Otro testimonio emotivo fue el de Bashar Al-Farah, sirio establecido en Barcelona y padre de tres hijos. Explicó cómo escapó de la guerra y encontró una nueva oportunidad en Cataluña: «Dios me dio la oportunidad de encontrar una nueva vida en Barcelona». Recordó los momentos de terror vividos en su país, cuando una explosión casi le costó la vida, y destacó la importancia de su familia en este nuevo camino. Aun así, expresó su preocupación por la situación actual en Siria, donde «hoy Siria está sufriendo más que nunca, ya que los cristianos están sometidos a muchos riesgos dentro de una situación que se ha complicado especialmente en los últimos días».
Uno de los momentos más significativos fue cuando el arzobispo Jean-Abdo Arbach regaló el icono de la Anunciación y la cruz siria, que permanecerán en el templo de Antoni Gaudí, según anunció el cardenal Omella. La vigilia fue concelebrada por el arzobispo de Barcelona y los obispos auxiliares Mons. Javier Vilanova y Mons. David Abadías. Además, se elaboraron pequeñas cruces previamente bendecidas para que, durante la veneración final de la cruz, los fieles pudieran tomarlas como recuerdo.