«Una especie de Pentecostés». Así describió el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías, la celebración de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que este domingo 27 de septiembre reunió en la parroquia de Santa Maria de Cornellà a parroquias y comunidades de diferentes procedencias.
La diversidad de lenguas, grupos corales, sacerdotes y comunidades marcó una eucaristía presidida por Mons. Abadías e hizo visible la pluralidad cultural que forma parte hoy de la Iglesia de Barcelona. Una realidad que, según el director del Secretariado diocesano de Pastoral con Migrantes, Mn. Joan Cabot, se vive cada vez con mayor naturalidad. «Cada vez hay más conciencia colectiva de que somos una comunidad diocesana diversa y multicultural», asegura.
En la celebración también participaron los sacerdotes de las diferentes comunidades católicas de origen extranjero, así como el responsable de la Delegación Social y Caritativa, Mn. Joan Costa, y el párroco, Mn. Josep Jiménez Montejo, también arcipreste de la zona pastoral de Cornellà.
«Una especie de Pentecostés»
Durante la homilía, Mons. Abadías comparó la celebración con Pentecostés, cuando personas llegadas de todo el mundo pudieron escuchar a los apóstoles en su propia lengua. En este sentido, destacó cómo «el lenguaje del amor, del respeto, de la valoración del otro y del diferente» puede ser comprensible para todos.
El obispo auxiliar también evocó a Abraham, que dejó su tierra y se estableció en Canaán, donde hizo de la hospitalidad un elemento fundamental de la convivencia. A partir de esta imagen, recordó que los cristianos son herederos de una tradición que sitúa en el centro la dignidad de toda persona.
Finalmente, a partir de la carta a los cristianos de Filipos, invitó a tener a Jesucristo como modelo e inspiración para continuar «caminando juntos en la diversidad» en la Iglesia de Barcelona.
«La integración siempre debe tener dos sentidos»
La celebración tuvo lugar este año en Cornellà de Llobregat, una ciudad marcada a lo largo de su historia por diferentes oleadas migratorias. Al finalizar la misa, el alcalde, Antoni Balmón, dio la bienvenida a los participantes y recordó una historia construida primero con la llegada de ciudadanos procedentes de diferentes puntos de España y, posteriormente, de todo el mundo.
En su intervención puso en valor la palabra, el diálogo, el conocimiento mutuo y la interacción entre personas diferentes como elementos necesarios para construir una sociedad respetuosa e inclusiva.
Una realidad que conecta con uno de los retos que plantea Mn. Joan Cabot. «La integración siempre debe tener dos sentidos», afirma. Por ello, considera necesario preguntarse «qué cosas podemos modificar para hacer posible una auténtica convivencia que respete y reconozca la diversidad».
En este sentido, Cabot recuerda que la pluralidad cultural ya forma parte de la realidad cotidiana de la archidiócesis. Actualmente, la Iglesia de Barcelona cuenta con nueve parroquias personales vinculadas a comunidades que, por motivos de lengua, rito o nacionalidad, requieren una atención específica. A estas se suman otras comunidades que disponen de espacios donde encontrarse y celebrar la fe desde su singularidad cultural.
Compartir mesa, cultura y oración
Después de la celebración, más de 200 personas compartieron una comida intercultural en la plaza de la Iglesia, con platos aportados por las diferentes comunidades participantes.
La tarde continuó con un tono festivo con una «tómbola» italiana, similar al bingo, y diferentes momentos de música, bailes y canciones protagonizados por las comunidades presentes.
La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado concluyó con una oración acompañada de cantos de Taizé, preparada por el grupo que durante este curso organizará mensualmente esta oración en la iglesia de Sant Jaume, en el Barrio Gótico de Barcelona.