El pasado 16 de octubre de 2026 tuvo lugar la primera de las tres sesiones de formación del curso «Catequistas: descubrir, crecer, acompañar», una propuesta del Secretariado Diocesano de Catequesis dirigida a los catequistas que comienzan este servicio y a todos aquellos que desean profundizar en su formación. La sesión contó con la asistencia de una treintena de catequistas, en la sede del Secretariado de la C/ Villarroel, 81 de Barcelona.
El director del Secretariado Diocesano de Catequesis, Mn. Joan Mundet, fue el encargado de conducir este primer encuentro, centrado en los fundamentos de la catequesis. A lo largo de la sesión, invitó a los participantes a reflexionar sobre qué es realmente la catequesis, cuál es la identidad y la misión del catequista, qué significa catequizar en clave de nueva evangelización, a quién se dirige la catequesis y qué retos plantea hoy la transmisión de la fe. También profundizó en una cuestión fundamental: cómo conseguir que la catequesis llegue a la vida de las personas.
La catequesis, una invitación a convertirse en discípulos de Jesús
Mn. Mundet recordó que la catequesis nace de la misión evangelizadora de la Iglesia, siguiendo el mandato de Jesús: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19).
En este sentido, destacó que existe una diferencia fundamental entre transmitir conocimientos sobre Jesús y ayudar a una persona a convertirse en discípulo suyo. El objetivo de la catequesis no es únicamente aprender contenidos, sino favorecer un encuentro personal con Jesucristo que transforme la vida.
Por eso, una de las preguntas que debe guiar la tarea del catequista es: ¿qué quiero que cambie en la vida de estas personas después de esta sesión? Una cuestión que invita a ir más allá de la explicación de contenidos y a poner en el centro el crecimiento en la fe de cada niño, joven o adulto.
El catequista, ante todo, un testigo
Durante la formación, también se hizo hincapié en la importancia del testimonio personal. Para que los catequizandos puedan tener una experiencia de fe, es esencial que los propios catequistas la vivan. El catequista es, ante todo, un testigo que acompaña a los demás en el camino de la fe.
Esta tarea implica enseñar a niños y adultos a hablar con Dios y a dedicar tiempo a la oración. En este sentido, se destacó la importancia de promover espacios específicos de oración, como las sesiones Tabor y las propuestas de oratorio, que ayudan a favorecer una relación personal con el Señor.
La sesión se desarrolló siguiendo las orientaciones del Secretariado Interdiocesano de Catequesis (SIC), que enmarcan esta tarea en una catequesis que busca acompañar a las personas en su proceso de crecimiento espiritual.
Una nueva manera de transmitir la misma fe
Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de adaptar la catequesis a los tiempos actuales. Nos encontramos ante una generación diferente de las anteriores y, por tanto, es necesario renovar los materiales y las maneras de transmitir el mensaje cristiano.
El mensaje de la fe es el mismo, pero la manera de comunicarlo debe adaptarse a cada persona. Para hacerlo posible, Mn. Mundet destacó la importancia de saber escuchar, hacer preguntas y conocer la realidad vital de los catequizandos. Solo a partir de esta cercanía es posible presentar el mensaje de Jesús de una manera que conecte con su experiencia y les ayude a descubrir qué significa para sus vidas.
Así, catequizar es acompañar a una persona para que conozca a Jesucristo, crezca en la fe, aprenda a vivir como discípulo suyo y descubra que esa fe puede transformar toda su existencia.
El encuentro comenzó y terminó con una oración a la Virgen María, encomendándole los frutos de este curso de formación.
¡Todavía podéis inscribiros en las próximas sesiones!