Normes pastorals de 30 de setembre de 1967, aplicació Eucharisticum Mysterium

Presentación del documento

Con fecha del 25 de mayo del presente año, fiesta del Santísimo Cuerpo de Cristo. la SCR ha publicado une Instrucción sobre el culto del misterio eucarístico”, titulada “Eucharisticum Mysterium” cuya parte dispositiva entró en vigor pasado 15 de agosto, El carácter de orientación general que tiene el documento y la referencia explícita a las determinaciones de los Ordinarios del lugar en algunos artículos de aplicación. aconsejan la publicación de estas notas pastorales para hacer resaltar el espíritu de la Instrucción y remarcar aspectos prácticos de la misma. Junto con estas “notas pastorales” se concretan algunas “normas disciplinares” aquellas que la Instrucción deja en manos del Ordinario del lugar.

Necesidad de un estudio de la Instrucción

Ante todo, es preciso advertir que la intención de la Santa Sede al publicar la Instrucción no ha sido dar unas rúbricas nuevas a la liturgia eucarística, como en el caso de la precedente Instrucción “Tres abhinc annos”. Se trata, ahora, de presentar una síntesis doctrinal que organice y fundamente toda la práctica de la Iglesia en relación con la Eucaristía, tal como actualmente se ha desarrollado. Realmente esta Instrucción aparece a la manera de un “directorio” de pastoral eucarística, La consecuencia que se deriva de esta finalidad es la urgencia de una lectura atenta y reflexiva por parte de todos que tienen responsabilidad educadora, especialmente los pastores del Pueblo de Dios, a fin de sintonizar con el espíritu de la Iglesia (cfr. EM. n. 5) y disponerse a una renovación de la iniciación eucarística de los fieles. Nada más lejos del espíritu de la Instrucción que una mera ejecución material de lo que en ella se manda, se recomienda o se prohíbe. Además, la claridad y simplicidad de la catequesis eucarística que la Instrucción contiene nos puede ahorrar muchas digresiones al tiempo que nos ofrece el núcleo fundamental y vital de la vida eucarística que debemos proclamar, enseñar y hacer vivir.

Criterio para la interpretación

Algunas de las orientaciones contenidas en la Instrucción pueden parecer a primera vista imprecisas y sujetas a interpretaciones diversas, aparte los textos claramente preceptivas o prohibitivos. En estos casos dudosos, sobre todo, habrá de hacerse la aplicación a partir de los principios doctrinales que están en la base del documento, y no dejarse guiar por simples criterios cuantitativos o sentimientos personales, Entre estos principios doctrinales señalamos en concreto los dos siguientes como más básicos: el carácter eclesial de la Eucaristía (cfr. EM. nn. 3. 6-8, 15, 25-26, etcétera) y la revalorización de los signos de la celebración, por consiguiente la fidelidad a los mismos (cfr. EM. nn. 4, 15, 25, 32, 39, etc.),

Revisión de la catequesis eucarística

Consideramos de la mayor importancia que todos los educadores, especialmente los sacerdotes, examinen a la luz de Instrucción (nn. 3, 5. 14 y 15) la catequesis eucarística que habitualmente proponen a los fieles. Los sacerdotes en concreto dedicarán algunas homilías dominicales a la explicación del Canon de la Misa con ocasión de su introducción en lengua vernácula (cfr. EM. nn. 3c y 15). Por lo que se refiere a la primera comunión de los niñas (cfr. EM. n. 14), cuídese extraordinariamente de presentar el núcleo de la Eucaristía —celebración del Memorial del Señor— según el 3 de la EM., adaptado a su capacidad.

Unidad de la comunidad

En la línea del n. 17 de la EM., los responsables de las Iglesias cuidarán de que durante las misas dominicales celebradas en el altar principal no se celebre ninguna otra misa, como tampoco otro sacramento en la Iglesia. Si coincide una celebración exequial ésta tendrá lugar en una capilla aparte, caso de haberla, o simplemente a la puerta del templo, sin entrar en él, y de tal manera que no distraiga a los que participan en la misa. En cuanto a la celebración de la penitencia (cfr. EM. 35), los sacerdotes acostumbrarán a los fieles a confesar durante los espacios libres entre las misas dominicales, o en otras horas de la semana, debidamente anunciadas a la puerta del templo, hasta conseguir una práctica satisfactoria de esta materia.

La atención a los forasteros

A fin de que los forasteros o los residentes habituales de otras lenguas tengan ocasión de participar en la misa según su lengua o costumbre. se dará la información correspondiente (por ejemplo, en la prensa diaria) sobre los horarios y lugares en que se celebre la misa en latín o en las diversas lenguas

La celebración de la Misa por sacerdotes extranjeros

Los sacerdotes extranjeros de paso por una comunidad concelebrarán normalmente con uno de los sacerdotes de la misma, Si en alguna ocasión fuera conveniente que un sacerdote desconocedor de la lengua en que se celebra aquella misa presida la celebración, otro sacerdote cuidará de la liturgia de la palabra. En estos casos, el canon de la misa será recitado en latín.

La responsabilidad de los celebrantes

Al esfuerzo de los fieles para integrarse en la comunidad, debe preceder el de los responsables de las Iglesias especialmente parroquiales, y aun el de todo celebrante para acoger a la asamblea reunida, y ordenar la celebración de tal manera que todos encuentren en ella un espíritu de familiaridad cristiana y una verdadera posibilidad para expresar su fe y alimentar su caridad. En concreto, recordamos la grave obligación de predicar la homilía. debidamente preparada y teniendo en cuenta la comunidad a que se dirige, en cualquier misa dominical o de fiesta de precepto.

Transmisión de la misa por radio o televisión

Cuando se transmita la misa por esto medios, se advertirá de una forma apropiada a los destinatarios, la diferencia que hay entre ellos y los que participan directamente en la celebración retransmitida. El locutor cuidará en todos los casos de no sobreponerse al celebrante o a la asamblea, de suerte que la misma celebración transmitida pueda ser recogida lo más fielmente posible. Quedan además excluidas en absoluto las transmisiones que no sean totalmente en directo.

Fotografías durante las celebraciones eucarísticas

Recordamos de una manera insistente que se cumpla lo que, respecto de fotografías durante la celebración eucarística, dice el n, 23 de la EM.: “Hay que poner especial empeño para que no se perturben las celebraciones litúrgicas, especialmente las misas, por la costumbre de sacar fotografías”. Si hay una causa razonable, que se obre con discreción, respetando siempre el tiempo de la proclamación de la Palabra de Dios y todo el tiempo que va desde el Prefacio hasta la Comunión. Se evitará que los fotógrafos se introduzcan en el presbiterio.

La disposición y ornato del templo

Siendo muy notable el acierto general en la disposición de los altares, no puede afirmarse lo mismo de las soluciones dadas en algunos templos al lugar de la proclamación de la Palabra. Es preciso recordar que éste no consiste simplemente en un frágil mueble, sino en un verdadero lugar escogido y visible. Igualmente conviene estar siempre alerta en lo que se refiere a la dignidad y limpieza de los vestidos sagrados y otros objetos de culto, no solamente por motivos estéticos, sino por respeto a la acción litúrgica que usa de estos signos.

Los horarios de las misas dominicales

Los responsables de las Iglesias tratarán cuanto antes con el propio clero y fieles así como también con los responsables de Iglesias -parroquiales o no- vecinas, acerca del horario de las misas dominicales a la luz de lo expuesto en la Instrucción EM. n. 26. En cuanto a las pequeñas comunidades religiosas no clericales y otras semejantes, son invitadas asimismo a examinar sus posibilidades reales de participación en las celebraciones parroquiales, según el mismo n, 26, y el n. 27 que trata de misas para grupos particulares, por su parte, los párrocos cuidarán de que en todas las misas dominicales haya una auténtica participación de los fieles.

La comunión bajo las dos especies

Previa la debida catequesis, basada en el primer párrafo del n. 32 de EM., confiamos al juicio de los respectivos rectores de Iglesias el dar el permiso para la comunión del cáliz en los casos previstos por el documento (cfr. el mismo 32) dejando siempre a los fieles en la debida libertad. Oportunamente se pedirá a los rectores información sobre esta práctica.

El Viático

Confiamos igualmente al juicio de aquellos a quienes pertenezca por derecho la administración del Viático, el hacerlo bajo la sola especie devino. Igualmente concedemos en estos casos la celebración de la misa en casa del enfermo, a condición de que éste se halle en el uso de sus facultades, y en condiciones de poder participar en la celebración.

La concelebración

Los rectores de Iglesias quedan facultados para decidir acerca de la conveniencia concreta de la concelebración, teniendo en cuenta lo expuesto en los nn, 17, 43 y 47 de la Instrucción EM. Los concelebrantes revestirán siempre los ornamentos según lo prescrito en la Instrucción “Tres abhinc annos” n. 27. Cuando no hubieren ornamentos en número suficiente —por lo menos amito, alba y estola—, los sacerdotes restantes podrán hacer una segunda concelebración (cfr, EM. n. 47) o participar en la concelebración comulgando bajo las dos especies cfr. EM. n. 32-9}, Téngase en cuenta en la práctica de la concelebración su valor sacramental y evítese el convertirla en un simple recurso de solemnización,

La colocación del sagrario

Cuando haya que decidir la colocación del sagrario en el templo debe atenderse a las prescripciones de 105 nn. 52-57 de la EM., iluminadas especialmente por el principio teológico del n. 55, que dice textualmente “En la celebración de la misa se pone de manifiesto sucesivamente los modos principales según los cuales Cristo está presente en su Iglesia, pues en primer lugar manifiesta su presencia en la misma asamblea de los fieles reunidos en su nombre; después, en su cuando se lee y se explica la Escritura; también en la persona del ministro; finalmente, y del modo más excelente, bajo las especies eucarísticas. Así que, por razón del signo, es más propio de la naturaleza de la celebración sagrada que la presencia eucarística de Cristo fruto de la consagración, y que como tal debe aparecer en cuanto sea posible, no se tenga ya desde el principio por la reserva de las especies sagradas en el altar en que se celebre la misa”. Hágase todo en esta materia, con un profundo y completo sentido doctrinal y pedagógico, y con mucha atención a la capacidad y situación real de los fieles.

La exposición del Santísimo

Las comunidades parroquiales o religiosas en las que con mayor frecuencia se expone el Santísimo Sacramento, examinarán esta práctica según los principios que se desprenden de 105 nn, 60-66 de la Instrucción EM. Fíjense especialmente en la condición de que haya un número conveniente de fieles puesto que sólo en este caso tiene sentido exponer el Santísimo Sacramento a su adoración. Por lo que se refiere al ornato y solemnidad, se evitará, según el espíritu de la Instrucción. que sea mayor que el concedido a la misa en igualdad de circunstancias.

Conclusión

La coincidencia entre la celebración del Año de la Fe y la aplicación de esta Instrucción sobre la Eucaristía —Misterio o Sacramento de la fe— es una oportunidad que se nos ofrece para relacionar cada vez íntimamente en nuestra predicación, en la vida cristiana y en la acción pastoral de la fe y los sacramentos de la fe. Cristo, que “habita por la fe en nuestros corazones” (Efes, 3, 17), se nos da personalmente como comida las especies del pan y del vino que son su Cuerpo y su Sangre (Cfr. I Cor. 11, 24). El evangelio que predicamos y por el cual somos salvadas (confróntese I Cor. 15, 2) —la muerte y la resurrección del Señor es lo mismo que proclamamos, hasta que El venga, cuantas veces comemos este pan y bebemos de este cáliz (cfr. I Cor. II, 27). La pastoral profética y la pastoral litúrgica, encuentran en esta dable iniciativa el cauce de su promoción armónica para el progreso del Pueblo de Dios.

Por el presente declaramos vigente en nuestra diócesis las anteriores Notas pastorales según lo previsto en la Instrucción ‘”Eucharisticum Mysterium”,

Barcelona, 30 de septiembre de 1967.

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