Normes de 27 de desembre de 1974, expedients matrimonials

Nuevas normas sobre la preparación de los expedientes matrimoniales

Queridos sacerdotes, diáconos y fieles diocesanos:

Bien sabéis que la pastoral de los sacramentos es una de las preocupaciones más vivamente sentidas en este momento por toda la Iglesia. La misma Conferencia Episcopal Española ha iniciado una reflexión sobre las celebraciones sacramentales en relación con las exigencias de la evangelización. El trabajo está todavía en curso y podemos esperar que de él saldrán normas útiles para una adecuada renovación de las celebraciones de los sacramentos.

Este documento en nada pretende prejuzgar los resultados de esta reflexión eclesial. Pero como en nuestra diócesis se ha realizado últimamente un trabajo sobre el aspecto concreto de la simplificación del expediente matrimonial, ha parecido conveniente no retrasar esta reforma. Sus pretensiones son muy modestas y se centran en esto: convertir el expediente matrimonial en un instrumento más ágil y eficaz, en la medida de sus posibilidades, para una celebración cristiana más fructuosa del sacramento del matrimonio.

Después de las consideraciones iniciales de carácter pastoral, se establecen las normas concretas por las que se regirá este aspecto en nuestra Diócesis y en el futuro.

Consideraciones pastorales

Hoy se constata una generalizada prevención ante determinados procedimientos relativos a papeles o trámites burocráticos de la pastoral. Ante tal situación puede resultar esclarecedor tener en cuenta el carácter instrumental de cada uno de éstos.
La elaboración del expediente matrimonial, en este sentido, ha de facilitar al responsable de la comunidad cristiana un conocimiento sobre: el bautismo de los contrayentes, el estado de libertad de los mismos, la existencia o inexistencia de impedimentos y la actitud de los que van a contraer el sacramento en relación con la naturaleza y propiedades esenciales del matrimonio cristiano.
El diálogo pastoral previo a la celebración, dentro del cual ha de integrarse la cumplimentación del expediente, habrá de dar siempre una visión clara de lo que pretende la Iglesia con tal proceder: garantizar el debido respeto al sacramento, así como el respeto y promoción cristiana de las personas que se disponen a celebrarlo. Y todo ello presentado como 5 una consecuencia de la dimensión comunitaria y visible del Pueblo de Dios.
Interesa, sobre todo, conocer la capacidad de los contrayentes para celebrar el sacramento. Para ello es absolutamente necesario dar una gran importancia a su declaración, aspecto éste que pide a los pastores especiales dotes de intuición y sensibilidad para captar las situaciones y actitudes; siempre dentro de un sentido de acogida de las personas y de deseos de su promoción cristiana.
No se os oculta la importancia pastoral de este aspecto, sobre el que deseo poner el acento de manera especial, sobre todo por el desconocimiento de las personas y las dificultades para el trato personal que las aglomeraciones urbanas nos imponen actualmente. El diálogo acogedor y respetuoso, en el nivel de la fe, con la pareja, o incluso separadamente con cada uno de ellos, si algunas circunstancias lo hacen aconsejable, aparece como indispensable para encontrar un ministerio acomodado a la sensibilidad de hoy, especialmente a la de las jóvenes generaciones, y hacer que la Iglesia pueda ser, de manera renovada, un signo de la acción salvadora de Cristo para estos hombres concretos que se acercan a nosotros como ministros de la Iglesia.
En el interior de este diálogo —irreductible a una rígida normativa, ya que la pastoral comporta dotes y sensibilidad de educador en la fe, muy superiores a la simple aplicación fría de unas prescripciones— cabe la clarificación de motivaciones, la animación de la fe, la promoción de la sinceridad y la verdad; en una palabra, el sentido auténtico de la decisión sobre la celebración sacramental y las repercusiones que ésta ha de tener en la vida cristiana concreta.
En este sentido, creo que nos puede aparecer claro el sentido de la simplificación a la que se procede: ofrecer a los pastores la oportunidad de centrarse sobre lo esencial, liberados de aspectos secundarios o menos importantes, y siempre teniendo a la vista nuestro objetivo: una válida, signa y fructuosa celebración del sacramento del matrimonio.
Paso ahora a explicitar un punto ya insinuado más arriba. La pastoral prematrimonial, en cuyo progreso tanto han trabajado y trabajan entre nosotros sacerdotes y seglares, muestra la conveniencia de no separar a los novios en el proceso de su preparación al matrimonio.
Esta exigencia pastoral viene favorecida también por las disposiciones canónicas, las cuales establecen que todo el expediente se prepare en una misma parroquia, preferentemente la de la contrayente, o bien, con causa justa, la del contrayente.
Queda prevista, con todo, la posibilidad de que se prepare cada mitad del expediente en la parroquia propia de cada uno de los contrayentes, como se venía haciendo hasta ahora en nuestra diócesis. No se trata, con esta reforma, de simplemente cambiar una normativa rígida por otra, sino de ofrecer unos elementos más aptos y flexibles para una acción pastoral fructífera.
Finalmente, he aquí una breve reflexión sobre un aspecto que también tiene su relevancia: la comunicación del matrimonio celebrado a la parroquia en que fueron bautizados los contrayentes. Tal proceder tiene también su razón de ser y su eficacia.
Es necesario, por ello, que los responsables de las iglesias donde se celebren matrimonios procuren diligentemente comunicar —ya sea mediante el servicio de la Curia ya directamente— el matrimonio celebrado a la parroquia en que fueron bautizados quienes lo han contraído. De esta forma se podrá simplificar más el expediente matrimonial, asegurando el respeto debido al sacramento del matrimonio y la garantía para los contrayentes de que su mutua entrega se realiza entre personas libres de otro vínculo matrimonial preexistente.
Para conseguir estos fines es preciso, además, que los responsables de los archivos parroquiales anoten con diligencia los matrimonios que se les comuniquen.
Procedamos a la actual simplificación, sobre la que la misma experiencia pastoral nos orientará para su mejora en el futuro, si pareciese necesario.
Normas
Para facilitar que el expediente matrimonial sea un instrumento eficaz y que ayude convenientemente a la pastoral del sacramento del matrimonio, a tenor de las disposiciones canónicas vigentes y a la luz de las anteriores consideraciones pastorales, establecemos las siguientes normas:

1.ª El responsable de la preparación de todo el expediente matrimonial es preferentemente el párroco de la contrayente. Siempre, sin embargo, que haya una causa justa, puede hacerse responsable del mismo el párroco del contrayente. A pesar de ello, si los contrayentes lo desean, se pueden responsabilizar de la mitad del expediente los párrocos de cada uno de ellos, tal como se venía haciendo hasta ahora en nuestra diócesis (Cfr. cc. 1020, párrafo l.°, y 1097, del C.I.C.; Instr. de la S. C. de Sacramentos, de 29 de junio de 1941).

2 .a El responsable de todo el expediente matrimonial tomará declaración a cada contrayente por separado, en la forma más digna y con la debida cautela, sobre las cuestiones que el derecho establece. El responsable de medio expediente tomará esta declaración al respectivo contrayente.

3 .a La declaración de dos testigos, tal como se venía haciendo hasta ahora en todos los casos, sólo será necesaria cuando el responsable del expediente matrimonial tenga dudas prudentes sobre la existencia de algún impedimento y crea que la manera más apta de disiparlas sea recurrir a testigos que, siendo fidedignos, puedan declarar con suficiente conocimiento para uno o para los dos contrayentes (Cfr. c. 1031, párrafo 1, 1.º).

4 . El certificado de soltería sólo se pedirá cuando no quede suficientemente claro el estado de los contrayentes.

5 . Se concede a todos los responsables del expediente matrimonial la oportuna delegación para dispensar las proclamas, en cada caso y por causa legítima, incluso las que se deberían hacer en otras diócesis.

6 . Si se prepara todo el expediente matrimonial en una misma parroquia, el responsable del expediente lo notificará, juntamente con la licencia para asistir al matrimonio, mediante documento auténtico, a la parroquia donde se celebre el matrimonio, siempre que se trate de dos parroquias de nuestra diócesis.

7 .a Si se prepara medio expediente en la parroquia de cada uno de los contrayentes, el responsable del medio expediente del contrayente lo enviará, debidamente cumplimentado, al responsable del medio expediente de la contrayente (excepto en el caso en que el matrimonio se celebre en la parroquia del primero, en que se realizará a la inversa) para que éste le dé el curso que sea necesario, siempre, que se trate de dos parroquias de nuestra diócesis.

8 .a Tratándose de parroquias de distinta diócesis, la notificación se hará con la pertinente intervención de las Curias de la diócesis donde se ha preparado el expediente y de la diócesis en la que se celebre el matrimonio.

9 .a Excepto en los casos previstos en la norma anterior, sólo deberán presentarse a la Curia los expedientes cuando alguna circunstancia especial lo haga necesario, como la concesión de dispensa de algún impedimento existente o la delegación que deba obtenerse para los matrimonios a celebrar en la Catedral o en el Monasterio de Montserrat.

10 .a Queda derogada la norma del Sínodo diocesano de Barcelona, del año 1919, que establecía la presentación del expediente matrimonial a este Vicariato General o a los correspondientes Vicariatos foráneos del Vallés, del Penedés o de Piera, para la revisión del expediente y la expedición de licencia para el matrimonio (Cfr. Const. 129, 5).

11 .a Estas normas entrarán en vigor a partir del día 1 de febrero de 1975.

Barcelona, 27 de diciembre de 1974.

+ NARCISO, CARDENAL JUBANY,
Arzobispo de Barcelona
Por mandato del Sr. Cardenal-Arzobispo
Jaime Traserra,
Secretario general del Arzobispado

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