¿Qué podemos esperar de este Sínodo?

Imagen: Vatican Media

El contraste de dos imágenes es impactante. En la primera, aparece una mesa presidencial y un montón de filas de butacas orientadas a seguir los parlamentos que efectúan las personas que ocupan los puestos de preferencia. La segunda, recogida de cualquiera de las múltiples sesiones celebradas en el Aula Pablo VI. Se ven alrededor de treinta mesas, integradas cada una por doce participantes. El sistema parlamentario de votaciones por mayorías se sustituye por la búsqueda del consenso que, según la Constitución Episcopalis Communio 7, «brota no de lógicas humanas, sino de la obediencia común al Espíritu de Cristo (…) Cuando se trata de verificar la fe misma, el consensus Ecclesiae no se da por el cómputo de votos, sino que es el resultado de la acción del Espíritu, alma de la única Iglesia de Cristo». Consenso no es unanimidad. Va más allá. Sensus fidei del Pueblo de Dios no es lo mismo que los flujos cambiantes de la opinión pública. La práctica de la sinodalidad, que aglutina la participación a la que todos estamos llamados, se enraíza en la escucha, el discernimiento y la conversión, siempre en fidelidad al evangelio a la luz del Espíritu.

Si no se comprende el sentido y el alcance del Sínodo de Obispos sobre «Sinodalidad», convocado por el papa Francisco, cuando a finales de este año se llegue a la clausura, puede haber decepciones profundas y frustraciones difíciles de digerir. Estos resultados son presumibles cuando las expectativas se disparan de manera poco realista. En este caso, significaría que no se han captado la finalidad y el tema central de este Sínodo. Hay una serie de temas candentes que no obtendrán la respuesta esperada, porque no son su objetivo inmediato. El obispo de Solsona, Francesc Conesa, miembro del Sínodo por elección de la CEE, en una interesante conferencia en el Ateneu Universitari Sant Pacià, compartió su experiencia como sinodal y presentó algunas de las cuestiones disputadas, como el acceso de las mujeres al diaconado, el celibato de los sacerdotes de rito latino, la identidad de género y la orientación sexual… Cada una de estas cuestiones merece una reflexión bien profundizada, pero el sínodo no se centra tanto en la solución de cada uno de estos temas sino en la forma de abordarlos. Otras cuestiones disputadas, enunciadas también en dicha conferencia, apuntan más nítidamente al corazón de este Sínodo: profundización de la noción de sinodalidad, relación entre sinodalidad y colegialidad, encargos eclesiales encomendados a los laicos, etc.

El capítulo 6 de los Hechos de los Apóstoles presenta el primer problema importante de las primeras comunidades, es decir, el conflicto de los helenistas: «Por aquellos días, como iba aumentando el número de los discípulos, los creyentes de lengua griega se quejaron de los de lengua hebrea, porque sus viudas eran desatendidas en el servicio diario de ayuda a los pobres.» Los criterios que aplicaron a la solución de este problema, que tiene mucho más espesor de lo que parece a primera vista y que no se reduce a meramente al ámbito económico, reflejan los puntos fundamentales de la sinodalidad: a) los Doce convocan una asamblea de todos los discípulos; b) definen su misión como apóstoles; c) confían a los hermanos que elijan entre ellos siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría; d) aceptan la selección y les encargan la tarea, después de amar y de imponerles las manos. Más adelante, en torno a la asamblea de Jerusalén (Ac 15,28), aparece una expresión que define la esencia de la sinodalidad: «El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido…»

El Sínodo de Obispos se constituyó como tal por el papa Pablo VI a través de su Carta Apostólica Apostolica Sollicitudo, promulgada en 1965. Ha sido hasta ahora una realidad muy provechosa para la Iglesia, pero este Sínodo la quiere impulsar hacia una nueva dimensión. Nacido originalmente en la forma actual dentro del ambiente del Concilio Vaticano II, hay que impulsar la sinodalidad, cuya raíz, tal y como recuerda Jaume Fontbona, es sacramental y pertenece a la tradición eclesial. Se trata de caminar juntos dando un paso adelante hacia un nuevo dinamismo. El número 7 de la Constitución Episcopalis Communio afirma que «el proceso sinodal tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios». La práctica sinodal no puede seguir al pie de la letra los modelos políticos del pasado ni los que ahora están vigentes, sino ser fiel a su especificidad. Tarea compleja, pero de gran relevancia. Si conseguimos comprender bien su significado y fundamentación, podremos afrontar muchos temas delicados que preocupan al Pueblo de Dios, sin poner en peligro la unidad ni tirarnos los trastos entre nosotros. Este Sínodo no puede solucionar muchas cuestiones importantes, algunas que están pendientes de hace tiempo, pero puede mejorar sustancialmente el proceso para abordarlas con valentía a la luz del Espíritu.

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Dr. Lluís Serra Llansana

FORMACIÓN
  • Doctor en Psicología (URL)
  • Licenciado en Teología (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma)
  • Licenciado en Filosofía (UB)
  • Maestro
ACTIVIDAD DOCENTE Y PROFESIONAL
  • Docente en la Facultad de Teología de Cataluña, en el ISCREB, al CEVRE y en Espailúdic
  • Secretario de la Provincia marista L’Hermitage (Algeria, Catalunya, Francia, Grecia y Hungria)
  • Ha realizado tareas directivas y docentes en la Universitat Ramon Llull y ha sido (2008-2020) secretario general de la URC (Unió de Religiosos de Catalunya) y director del CEVRE (Centre de Vida Religiosa i Espiritualitat)
PUBLICACIONES
  • Columnista en Cataluña Cristiana y tertuliano en Radio Estel
  • Blog en www.catalunyareligio.cat
  • Autor de varios libros, entre los cuales «El eneagrama de las pasiones»

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