¿Qué estructuras se pueden desarrollar para consolidar una Iglesia sinodal y misionera?

 

En el Instrumentum Laboris uno encuentra tantas aportaciones, y con una redacción tan enumerativa,  que existe el peligro de perderse. Por eso, se agradece encontrar de vez en cuando pequeñas perlas que son como puntos de lectura que obligan a detenerse. Hay una que creo que encaja mucho con la pregunta sobre la que me piden profundizar. Es la “perla” de este (n.58):

«Las instituciones y las estructuras, de hecho, por sí mismas no son suficientes para hacer sinodal a la Iglesia: son necesarias una cultura y una espiritualidad sinodales, animadas por un deseo de conversión y sostenidas por una formación adecuada».

La Iglesia, y esto es un hecho compartido con toda estructura administrativa, acostumbra a dedicar una parte importante de su tiempo a organizarse. Es campeona en crear organigramas, consejos, comisiones, secretariados, delegaciones… Algunas más efímeras, otras más sólidas y que pasan a engrosar el derecho canónico. Podemos decir, medio en broma medio en serio, que somos de pluma fácil a la hora de generar nuestra pequeña o gran burocracia. No es solo una crítica, sino la constatación de una realidad: toda organización, y más cuando se trata de una organización jerárquica, tiende a este impulso.

Por eso este nº 58 del IL, me ha sido como revelador de cuál debería ser el punto de partida para responder a la pregunta, y cuáles son las condiciones que las instituciones o estructuras necesitarían para consolidar esta Iglesia sinodal y misionera.

Primero, la necesidad de una cultura y una espiritualidad sinodales. Ya puedes crear “instituciones participativas” que si no hay “cultura participativa”, la institución acabará muriendo de aburrimiento. Y la cultura se crea a base de años de generar dinamismos en el cual las personas que participan de las tareas de la iglesia, desde las más básicas hasta las tareas de gobierno, tienen espacios para sentirse reconocidas, escuchadas y para sentirse protagonistas. Y aún más difícil es la espiritualidad, si las reuniones, los encuentros o las asambleas no están impregnadas de una escucha activa del espíritu, acaban siendo pura rigidez. Cultura y espiritualidad sinodales… habrá que pensar en cómo vamos creando un dinamismo que nos haga crecer en estas dos dimensiones.

Segundo, es necesario que estén animadas por un deseo de conversión. Sí, porque toda estructura que se crea, por pequeña que sea, genera un espacio de poder. Cualquier cargo o responsabilidad, grande o pequeña, debe tener como horizonte “el lavado de pies del Jueves Santo”. Y esto se relaciona con lo que decíamos antes de la espiritualidad. Podemos reproducir cualquier estructura administrativa e incluso ser más o menos eficientes, pero lo que está claro es que no podemos renunciar a la mística si queremos que estas estructuras tengan sentido y apunten a una espiritualidad sinodal. Ah, y la lógica en este caso es proporcional: a más poder, más deseo de conversión.

Tercero, que sean sostenidas por una formación adecuada. Si formar es dar forma, y si realmente queremos entrar en un proceso de sinodalidad, tendremos que aprender porque como dice el dicho «nadie nace enseñado». Formación tanto para quienes representan aún en la iglesia el principio de autoridad (como dice el texto: «fuertemente afirmado en la normativa vigente») y formación para quienes entren a participar en las estructuras viejas o nuevas dirigidas a consolidar una Iglesia sinodal y misionera.

Ni la transparencia ni la corresponsabilidad serán posibles sin la orientación de IL n. 58. Es cierto que las instituciones tienen en sí mismas una expresión performativa: dan forma y animan aquello que dicen representar. Pero también vemos, y lo vemos no solo en la Iglesia sino en las estructuras políticas y democráticas, que no son suficientes. Del mismo modo que no podemos hablar de democracia por el hecho de tener un Parlamento, no podemos hablar de sinodalidad por tener infinidad de consejos para todo.

Creo, sinceramente, que cultura, espiritualidad, conversión y formación son elementos profundos que si se cultivan y pueden ser no solo una gran aportación al funcionamiento de la estructura eclesial, sino un ejemplo para un mundo donde la crisis de la democracia y la tendencia al totalitarismo deberían preocuparnos en nuestra doble condición de creyentes y ciudadanos.

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Lic. Santi Torres

FORMACIÓN
  • Máster en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra
  • Licenciado en Teología por el Instituto de Teología Fundamental – Facultad de Teología de Cataluña
  • Licenciado en Ciencias Religiosas por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona
  • Licenciado en Psicología por la Universidad de Barcelona
ACTIVIDAD DOCENTE Y PROFESIONAL
  • Fundación Lluís Espinal- Centro de estudios Cristianismo y Justicia (2004- …) (Actualmente director adjunto)
  • Fundación Migra Studium (2012-2016) (Director adjunto)
  • Profesor asociado en ESADE. Asignatura Sociedad, Economía y Cultura (2006-2010)
  • Arrels Fundació (2009-2013) (Responsable de incidencia)
  • Profesor de la asignatura de religión en secundaria y bachillerato. IES Pallejà (1995-1999)

Voluntariado

  • Patronato de la Fundación Migra Studium (2017-…) (Actualmente presidente del Patronato)
  • Coordinador de la Plataforma de entidades cristianas con los inmigrantes (2019-…)

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