Los cuidados, un nuevo paradigma

 

La pandemia que estamos viviendo tiene una incidencia disruptiva en la configuración de nuestro mundo, es posible que altere completamente nuestra configuración social. ¿Seremos capaces de cambiar nuestras prioridades como sociedad y como individuos?

El confinamiento desplazó el foco mediático y permitió entrar en la escena social nuevos personajes antes poco visibles como enfermeras, médicas, auxiliares … o incluso invisibles, como las personas que limpian, las que se llevan nuestros detritus o las que nos proveen de los bienes y servicios que necesitamos, poniendo en funcionamiento las complejas redes de distribución. Todas ellas, personas que han hecho todo lo necesario para procurar el bienestar de los otros, que han hecho posible la vida, han puesto de manifiesto la importancia de los cuidados, tradicionalmente ejercidos por mujeres, tanto en el ámbito de la familia como de la sociedad. Estos nuevos héroes y heroínas también tenían miedo, pero se sobrepusieron por el bien de todos: para abastecer, para atender, para curar, para cuidar. Su performance ponía en el centro en cada momento el valor de la vida y las personas.

Debemos aprender algo. Esta sociedad que enarbola la bandera de la fuerza, capacidad y autonomía de cada individuo ha sido consciente por un momento de que en realidad somos frágiles, vulnerables e interdependientes. La nueva conciencia de vulnerabilidad será una luz para poner en el centro los valores que, por un instante, hemos visto con tanta lucidez.

Hemos sentido una llamada a ser más empáticos, compasivos, solidarios, acogedores, cercanos, generosos y comprometidos en las relaciones interpersonales. Hemos adquirido más conciencia de nuestra vulnerabilidad y de lo importante que es encontrarnos, abrazarnos y «perder el tiempo» con los amigos y personas que queremos. Nos hemos descubierto un instinto de proteger a nuestra gente vulnerable que desconocíamos … y todo esto nos conecta profundamente con la esperanza bíblica de un futuro mejor.

Cuando Israel experimenta situaciones de desastre y de pérdida, los profetas anuncian un futuro digno gracias al compromiso de Dios que, como toda cuidadora, asume el cuidado de su pueblo: alimento, atención, compañía, curación y rehabilitación. La esperanza de los vencidos se afianza en la promesa de Dios de saciar a los hambrientos en una mesa preparada, abundante y gratuita, de saciar a los sedientos con leche y vino de valde (Is 25,6). En esta tradición bíblica el futuro no llega de la mano de un Dios guerrero, ni juez, ni tecnócrata, ni omnipotente; el profeta vislumbra en el futuro un Dios compasivo en acción que enjugará las lágrimas (Is 25,8), vendará las fracturas de su pueblo y curará sus contusiones (Is 30,26), con la concurrencia del auditorio invitado a participar del cuidado-rehabilitación de los últimos: Robusteced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes (Is 35,3).

También el evangelio inscribe a Jesús en esta tradición cuando explica el principal mandamiento de la Ley a petición de un especialista que quiere ponerlo a prueba. La Ley es para Israel la formulación del proyecto de Dios para la vida humana, pero ¿qué significa en la práctica? Para Jesús, el perfecto cumplimiento toma los rasgos típicos de los cuidados. El ejemplo elegido es el extranjero que se hace cargo de un hombre abatido, el samaritano que lo ve y se compadece, que se acerca a la víctima, suaviza con aceite y vino sus heridas, lo sube a su propia cabalgadura, lo conduce a la posada; el extraño que cambia de planes y se queda a pasar la noche, que paga por adelantado la estancia y se compromete a completar el pago de su bolsillo hasta su recuperación (Lc 10,25-37).

El futuro de la humanidad pasa por dar prioridad a las personas y sus necesidades; sólo la compasión ejercida hasta niveles cósmicos puede restablecer las fracturas y heridas que le atormentan.

Marisa Melero

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María Luisa Melero García

María Luisa Melero Gracia (Alcorisa, Teruel, 1967), religiosa mercedaria, es diplomada en Trabajo Social y Educadora Social, licenciada en Estudios Eclesiásticos por la Facultat de Teologia de Catalunya y licenciada en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Istituto Biblico de Roma. Durante más de veinte años ha trabajado en diferentes proyectos de reinserción social y laboral, y actualmente dirige un recurso de acogida para mujeres con problemas sociales. Desde el año 2001 ha impartido diversas materias bíblicas en el Institut de Ciències Religioses de Barcelona (ISCREB), tanto en modalidad on-line como en modalidad presencial. Es profesora de Hebreo y Antiguo Testamento (Libros proféticos) en el Escolasticado del monasterio de Santa María de Poblet. Es miembro de la Associació Bíblica de Catalunya y ha publicado algunos artículos de investigación bíblica.

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