El rostro de la Iglesia comunidad

 

La relación del ministerio ordenado con los ministerios bautismales en muchas ocasiones no es suficientemente exitosa para construir una Iglesia en comunidad. En el documento que se recogen las inquietudes vertidas de todos los rincones del mundo sobre el papel y la actividad del ministerio ordenado, se ponen de manifiesto las dificultades que desvirtúan y entorpecen la tarea de los presbíteros responsables de las comunidades cristianas, sobre todo las parroquiales. En muchas ocasiones se sienten solos; también se destacan las actitudes que han oscurecido su misión y su relación con los fieles, como un clericalismo que separa y se cierra al diálogo y a la acogida. Tema aparte y por la extrema gravedad que conlleva, se señala el escándalo que han provocado los abusos sexuales perpetrados por ministros ordenados y, en muchas ocasiones no atendidos por la jerarquía eclesial con el rigor necesario por el dolor que han causado a tantas víctimas, familias y comunidades. Estas y otras situaciones ponen de manifiesto la necesidad de revisión profunda y renovación del ministerio ordenado para adecuarlo a los signos de los tiempos y darle el valor que la iglesia necesita para llevar a cabo la misión encomendada y hacer visible la huella de Cristo a la tierra. También hace falta una formación más comunitaria de la comunidad cristiana.

La Iglesia del siglo XXI tiene que presentar una imagen eminentemente comunitaria, tal como el espíritu del Sínodo sobre la sinodalidad lo pone de manifiesto, al invitarnos a participar y andar todos juntos. Dar valor al ministerio ordenado conlleva dar valor en toda la comunidad cristiana, por lo tanto, hace falta diálogo dentro de la comunidad a todos los niveles y responsabilidades, acogida mutua y aceptación. Toda la comunidad cristiana es llamada a la misión de hacer patente la oferta de salvación de Dios para toda la humanidad, y predicar el evangelio con palabras y gestos como hizo Jesús. Para responder a este llamamiento nos tenemos que considerar como un único rebaño que sigue al único Buen Pastor (Jn 10,11-18), por lo tanto, una comunidad en comunión con Cristo, tiene que ser la imagen de la Iglesia en el mundo, para llevar a cabo su misión.

El documento de concilio vaticano II (LG 28) describe la misión de los presbíteros como triple tarea: predicar el evangelio, pastorear los fieles y celebrar el culto divino. Alguna de estas tareas se puede compartir con la comunidad y evitar la soledad que a veces los abruma. La predicación del evangelio, es responsabilidad de toda la iglesia, la predicación de la Palabra de Dios no implica solo los sermones sino que concierne a toda la vida cristiana. Si hablamos de la predicación fundamentada en una comprensión más profunda de las escrituras, especialmente de los evangelios y de todo el Nuevo Testamento, hay que cursar unos estudios que ayudan a profundizar en el significado de los textos, que son compartidos por muchos hombres y mujeres laicas y de institutos consagrados y pueden ser un apoyo importante a la tarea del presbítero. La predicación del evangelio, desde la antigüedad es un diálogo comunitario como se nos muestra en los hechos de los apóstoles: la escena donde Priscila y Aquila le explican a Apolo más claramente el sentido del evangelio (Ac 18,26) en un diálogo respetuoso y de escucha activa.

El valor del ministro ordenado en relación a los ministerios bautismales va muy ligado al valor que la comunidad cristiana dé a la participación en el culto divino. Somos convocados por el Espíritu Santo pero es el ministro ordenado quién invita en toda la comunidad a participar en la celebración. El culto es parte de la vida cristiana y se tiene que vivir en verdadera comunión con Dios y con los hermanos y hermanas, para recibir el alimento necesario y de esta manera llevar a cabo la misión encomendada. En la medida que los cristianos seamos capaces de vivir los sacramentos, y muy especialmente la eucaristía comunitariamente con sentido y alegría, la iglesia mostrará mejor el rostro de Cristo en el mundo.

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Lic. Núria Carulla Musons

FORMACIÓN
  • Licenciada en Teología especialidad Moral por la Facultat de Teologia de Catalunya
ACTIVIDAD DOCENTE Y PROFESIONAL
  • Es profesora de Moral Fundamental en el ISCREB
  • Acompaña grupos de lectura bíblica y de reflexión
  • Miembro activo de Justicia y Paz haciendo de voluntaria de la sección de Norte-Sur, participa en actos de solidaridad con los países del Tercer Mundo. Ha viajado por México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Brasil en viajes de supervisión de proyectos y de convivencia con las comunidades eclesiales de Base de América Latina

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