El muro «vacío» de la Casa Batlló

 

Se han inaugurado las visitas nocturnas a la Casa Batlló de Antoni Gaudí, en Passeig de Gràcia 43 de Barcelona. Con el sugestivo título “Noches de Luna”, el visitante puede recorrer las diferentes dependencias de este hogar excepcional de la manzana de la discordia que fue totalmente reformada por el arquitecto de Dios entre los años 1894 y 1906: la entrada, el vestíbulo, el comedor, el salón principal, el patio, la escalera. Y el patio interior de cerámica azul, con gradaciones, donde ahora, mediante un hábil ingenio, uno tiene la ilusión de que esté nevando. Las habitaciones de la colada, hasta el terrado con las chimeneas de mosaicos multicolores, y el interior del gran coronamiento de la fachada que evoca el dorso de un dragón, puede que aquel, que según la leyenda, aplacó al caballero san Jorge. Cada detalle es importante y bellamente tratado, y de noche, iluminado, cobra un relieve especial.

Dentro del gran salón del piso principal que da a la fachada del Paseo de Gracia, a través de una gran galería, había un oratorio ubicado dentro de la forma cóncava de la pared del fondo; estaba cerrada con uno de los grandes paneles de madera que permitían convertir fácilmente el salón en capilla. Contenía un pequeño altar y un retablo de madera de roble con una Sagrada Familia realizado por Josep Llimona i Burguera (Barcelona, 1860-1926), escultor, miembro del Círculo Artístico de Sant Lluch, colaborador de Gaudí y converso al catolicismo. En el retablo, se veía (se ve, porque aún existe) Jesús adolescente besando la mano de san José delante de una mesa de carpintero, mientras María observa la escena. Esta representación es muy poco frecuente dentro de la iconografía josefina, y solo se explica desde el relieve que había tomado en la época, el culto glorioso patriarca, custodio de Jesús, del que era devoto el arquitecto.

También conviene saber que Gaudí tenía un delicado respeto hacia sus clientes y que el propietario de la casa reformada era el señor Josep Batlló i Casanovas (Barcelona, 1855 – 1934), un hombre de negocios del sector textil catalán que en el 1904, se le había encargado la reforma integral del edificio que había adquirido en el paseo de Gracia y que es la actual casa Batlló.

Por tanto, en el momento de honrar a San José, el arquitecto también estaba honorando a su propietario, como lo tenía que hacer también en la Pedrera proyectando una imagen de la Mare de Déu del Roser en el coronamiento (que nunca se llegó a realizar) en homenaje a la esposa del propietario, Roser Segimon. Hoy, el retablo de la casa Batlló preside el altar de la cripta de la Sagrada Familia.

La exaltación de la Sagrada Familia de Nazaret –modelo y referente de la familia cristiana– también se hace presente en la Casa Batlló, con tres anagramas situados helicoidalmente en la torreta coronada con la cruz de los cuatro brazos y orientada, por tanto, en los cuatro puntos cardinales: IHS (Jesús Salvador del hombre), María (M coronada) y José (JP), con letras grandes blancas en relieve, sobre la fachada multicolor que son visibles de día desde el Paseo de Gracia, y prácticamente invisibles en la visita nocturna.

Hoy, en la visita nocturna de la Casa Batlló, en el lugar que ocupaba el oratorio, uno puede ver simplemente un muro de tonalidades gris claro casi blanco, con linias irregulares, siguiendo los diseños del estocado original restaurado en el resto del salón iluminado por unos lampadarios con pequeños cirios. La Casa es visitada cada año por más de medio millón de personas y, seguro que ahora, con las visitas nocturnas, el número aumentará significativamente.

A los pies del retablo del oratorio, encima del altar, había una imagen de Crisito crucificado, obra de Carlos Mani i Roig (Móra d’Ebre o Tarragona, 1866-Barcelona, 1911), diseñada siguiendo las indicaciones de Antoni Gaudí, el cual había comprobado con modelos de su estudio que era impensable que un crucificado se sostuviera erecto en la cruz: necesariamente las rodillas tenían que flectar. El Cristo crucificado que ahora pende del baldaquín del altar mayor de la Sagrada Familia, obra de Francesc Fajula, está inspirado en este de la Casa Batlló.

¿Es necesario preguntarnos: qué pondrá mentalmente cada visitante en este muro «vacío», y ahora huérfano, del antiguo oratorio gaudiniano?

Mn. Jaume Aymar i Ragolta
Doctor en historia del Arte

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Mn. Jaume Aymar i Ragolta

Doctor en historia del arte por la Universitat de Barcelona y licenciado en teología por la Facultad de Teología de Cataluña. Es profesor invitado del ISCREB, impartiendo la asignatura Simbología y Arte del Dipoloma Especialista Universitario en Mitologá y Simbología. También es catedrático de la Universitat Ramon Llull. Ha sido decano de la Facultad de Filosofía de Cataluña, donde continúa ejerciendo la docencia.

Presidente de la Fundación Cataluña-América Santo Jeroni del Arrayán. Ha publicado varios trabajos de historia, arte, iconografía y simbología. Ha impartido conferencias en todo Cataluña y también en Rumanía, Colombia, República Dominicana, Chile, Taiwán, Corea y China. Preside el aula Lul·liana. Actualmente es director del semanario Cataluña Cristiana y de la emisora Radio Estrella.

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