El cuidado de los niños

 

Seguramente lo primero que nos viene a la cabeza al leer este título es pensar que el cuidado se refiere a aspectos más bien físicos, concretamente en la salud de nuestros niños y niñas. Es un reduccionismo que deberíamos evitar porque creo que el cuidado de los niños debe entenderse desde una perspectiva más global e integradora. El cuidado de los niños debe referirse a los aspectos físicos, por supuesto, (salud, alimentación, seguridad …), pero también a aspectos intelectuales (conocimiento, aprendizaje …), personales (identidad, libertad, protección, respeto, dignidad …), sociales (reconocimiento como niño, libertad, ayuda, no discriminación, derechos y deberes, justicia …) y emocionales (identidad sexual, amistad, ocio, intimidad ..). Todos estos aspectos se deben ver como un todo interrelacionado.

El sociólogo Salvador Cardús publicó hace unos años un artículo muy inspirador sobre la relación entre padres e hijos. En este artículo argumentaba que los padres lo que teníamos que hacer era «ocuparnos» de los hijos y no tanto «preocuparnos» de ellos. Razonaba que la diferencia entre un término y el otro era muy importante, tanto que podía marcar el crecimiento de los niños y que, incluso, podría marcar la relación presente y futura con ellos. Este matiz me hizo reflexionar mucho como madre y como maestra. Según el diccionario de la lengua catalana «Ocuparse» es hacer de alguien objeto de cuidado «. Y «Preocuparse» es ocupar de antemano el ánimo. Absorber el ánimo de alguien, causándole ansia y tormento. Queda claro que las dos palabras tienen significados diferentes, eso es evidente. Ocuparse remite a responsabilidad; a responsabilidad asumida conscientemente, hacer caso del otro por su bien. La palabra preocuparse tiene una connotación de cierto sufrimiento; esta angustia sería el resultado de la presión que supone vivir de esta manera la relación con los niños.

No tiene nada que ver el cuidado con la superprotección (¡¡ahora ya se habla de hiperprotección !!) hacia los niños. Adultos superprotectors, padres «quitanieves» que abrieron un camino bien marcado frente al niño para que no se encuentre ningún obstáculo ni dificultad. Padres «helicópteros» que sobrevuelan todo el entorno de la criatura y que controlan todos sus movimientos.

Según los expertos, los niños necesitan 3 cosas: TIEMPO, AMOR y NO. Dedicar tiempo: de calidad, que aquel tiempo juntos (¡aunque sea poco!) la aprovechamos. Mostrar amor: hacer patente nuestro amor, el niño debe sentirse amado y debe sentir que la queremos. Decir no: mucho más difícil que decir sí en muchas ocasiones, poner límites, dar pautas y estrategias, reconducir… A partir de estas tres premisas se ha de construir nuestra relación con ellos.

Tener cuidado de un niño es acompañarlo, guiarlo, estar presente, hacerse presente, estar al lado. Tener cuidado de un niño es establecer una relación con un vínculo emocional de confianza mutua, respetando la individualidad de cada persona Esta manera de plantear el cuidado de los niños da seguridad y confianza a los niños; condiciones primordiales para poder crecer, aprender y madurar de manera sana, serena y segura.

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Isabel Pérez Santos

Maestra de Primaria, Diploma de maestra de catalán y DECA. Trabaja en la escuela Lestonnac de Mollet en la Educación Infantil y primaria; responsable de la Pastoral de la escuela. Ha tenido experiencia como formadora de maestros tanto en Escuelas de Verano de la FECC como en Jornadas de Pastoral Educativa.

Colabora con el ISCREB con asignaturas de la DECA (Pedagogía y didáctica de la Religión y Educar desde el Evangelio) y también con la formación en los claustros (La búsqueda de sentido y Comunidad educativa, comunidad cristiana).

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