¿Cómo acercar la realidad de África a la Iglesia Europea?

 

Una vez hemos empezado acercándonos a la realidad africana, es necesario callar y escuchar. La cultura europea-occidental está demasiado acostumbrada a hablar. Sin intención de ser irónicos, “sabemos demasiado”. Las explicaciones que se dieron en un pasado, y a veces aún colean hoy, sobre este desconocido continente, rayan frecuentemente lo absurdo y lo ridículo.

Ya se dijo, refiriéndonos a África, que no tenemos problema en ponerlo todo en un mismo cajón. Por esto será fundamental dejar hablar a los mismos africanos. Será duro escucharlo, costará digerirlo, y nos sorprenderá. La clave está en saber escuchar.

Y así lo haremos. Dejaremos que hablen los africanos y nosotros escucharemos. El jesuita camerunés Engelbert Mveng, asesinado en Yaoundé en el 1995, escribe:

 “África quiere estar en la encrucijada de la Humanidad que se unifica cada día, quiere estar en la cita de dar y de recibir –pero no con las manos vacías-, quiere estar presente para acoger y anunciar la Buena Nueva de Jesucristo hasta los confines de la Oecumene, la África de ayer, de hoy y de mañana.”

¿No será que lo que nos corresponde a nosotros es acercarnos a esta realidad, conocerla y valorarla?

El mismo P. Mveng dice:

“La apuesta, en última instancia, es todo nuestro destino; es la vocación histórica de África. Se trata de una cuestión de vida o muerte. La herencia espiritual de África ha forjado, a través de los siglos, los diferentes tipos de Hombres que definen nuestra autenticidad.”

Aquí radica un punto esencial: la autenticidad.

Autenticidad es un punto, Fuente de discusión, porque es muy sensible. La autenticidad configura la realidad de los pueblos, no solo los africanos sino de todo el mundo. Se ha de trabajar en la autenticidad y por la autenticidad. Y aquí es donde encontraremos el acercamiento, porque nos capacitaremos para entender el otro en su diversidad.

Sin juzgar, reconocemos que el mundo occidental ha impuesto muchas leyes, normas y costumbres, que a nosotros mismos aún nos cuesta llevar adelante muchas veces. Y no hemos estado atentos a lo que esto representaba para los pueblos africanos. Normas y costumbres que llevadas de la mano de la Iglesia se han convertido en liturgia, tradiciones y apreciaciones teológicas, doctrinales y Morales. No todo ha sido malo, ni mucho menos, pero a lo mejor un toque de sensibilidad habría ayudado a acercarnos un poco más.

Acabamos citando otra vez a quien nos ha guiado en este comentario, Engelbert Mveng:

 “La conclusión de un dialogo como este no puede ser otro que complementar la altura del Cuerpo de Cristo, y su Iglesia no será como una secta, propiedad de una sola raza, de un solo continente, de una sola civilización, de una sola lengua, de un solo arte, de un solo sistema de pensamiento, de organización social, económica e incluso política y, finalmente, de un solo rito, que sería la negación de la Ecclesia en el sentido primero de la palabra, o sea: la reunión de todos los hijos del Padre, de toda la tribu, de toda la lengua, de todas las naciones.”

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P. Antoni Calvera

Es un misionero comboniano nacido en Barcelona. Ha trabajado 7 años en Etiopía y 12 en Suráfrica. En la actualidad, trabaja en el campo de la animación misionera. Colabora en el ISCREB impartiendo la asignatura Religiones africanas y afroamericanas tradicionales, dentro del Grado en Ciencias Religiosas. Ha estudiado arqueología y antropología en la Universidad de Suráfrica.

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