Voces proféticas

Tras una gente oprimida se esconden rostros concretos de hombres y mujeres, de ancianos y niños excluidos y empobrecidos

Puede haber diversidad de culturas y de maneras de ser y de pensar, pero hay igualdad de derechos. Estamos invitados a asumir un compromiso de amor solidario. Tras una gente oprimida se esconden rostros concretos de hombres y mujeres, de ancianos y niños excluidos y empobrecidos. En medio de ellos, sin embargo, hay quien está dando su vida. Solo el amor humaniza. Dice el papa Francisco que «la dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética» (EG 218).

 
No responder fraternalmente a la llamada del otro cuando existen tantas situaciones que claman al cielo, y sobre todo de este «otro» que sufre el drama de todo tipo de hambre, no es solo una irresponsabilidad, sino una deshumanización, una abdicación de la vocación que llevamos en el corazón. «Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en el que vivimos» (EG 216).
 
Vivimos en la misma tierra, hoy nada nos es extraño ni debe serlo: si somos solidarios en el progreso, en los avances técnicos y científicos, ¿por qué no serlo también en hacer que se acabe tanta penuria en el mundo? No lo aclararemos construyendo muros ni levantando alambradas, ni tampoco vendiendo armas a los países más pobres provocando que se maten entre ellos, mientras nosotros hacemos negocio. Toda hambre y sed de alimento, de cultura, de justicia, de compañía, de confianza, de esperanza, de amor, de misterio, de Dios… ¡No lo neguemos a nadie!
 
Hacer que el mundo sea la tierra de todos nos señala un ideal que no podemos perder de vista. Esto hace que, desde pequeñas realidades de cada día, desde el uso responsable que hacemos de las cosas y a partir del buen trato con las personas, seamos profetas, revisemos con amor planteamientos, valores, prácticas, leyes, estructuras, creencias y lenguajes, para que llegue el momento de ser todos más hermanos y poder decir a Dios «¡Padre nuestro!»
 
Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca

 

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...