Semana de la familia 2016

La familia, en medio de sus humanas y lógicas limitaciones, sigue siendo el medio necesario de referencia de toda persona

Cada año las diócesis de habla catalana organizan la Semana de la Familia en los primeros días del mes de marzo con el fin de hacer presente en la sociedad el valor y la importancia de la familia.

A pesar de las dificultades de reconocer qué entienden por familia algunos círculos, la Iglesia desde el respeto a las diversas opciones, presenta la relación de amor al hombre-mujer, como aquella que se ajusta mejor a la misma naturaleza de las personas, como fundamento de la familia.

El último Sínodo de la Familia ha afrontado el tema del matrimonio y la familia desde la perspectiva evangélica. Reconociendo que actualmente hay una crisis de matrimonio y de familia, ha querido dar una palabra alentadora y de esperanza a todas las familias. Hay que reconocer que, a pesar de las dificultades, el matrimonio es un don. En la medida que se acoge es fuente de plenitud y felicidad; don ofrecido y vivido en el compromiso de la donación personal en libertad, consecuencia del amor verdadero, de plena fecundidad, de mutua comprensión y perdón. El Francisco propone a los esposos que, en el compartir la vida, se sepan preguntó: «me permites», porque la vida conyugal no es una coexistencia de individualidades y han actuar con delicadeza y comunión. Saber decir «perdón» porque en el talante de cada día pueden surgir las lógicas limitaciones y debilidades humanas: pueden equivocarse o herir la sensibilidad del otro; hay que pedir perdón para retornar a la mutua comunión y curar heridas. Finalmente hay que saber decir «gracias» porque la presencia amorosa de la otra siempre es motivo de crecimiento, de sorpresa, de enriquecimiento humano, familiar y espiritual. La familia, en medio de sus humanas y lógicas limitaciones, sigue siendo el medio necesario de referencia de toda persona, el entorno que nos convoya, donde se encuentra el ambiente que comunica amor y vive del amor. Lugar donde se viven y transmiten los valores que dirigen la vida y la fe que le da sentido.

No podemos, en las actuales circunstancias, no sentirnos solidarios del drama de miles de familias que tienen que emigrar de sus países a causa de la guerra o de la violencia, en la búsqueda de una tierra donde poder vivir en paz. De quienes, en el camino del exilio por mar o atravesando prados y montañas, han dejado la vida, o de los que viven en la angustia por no encontrar el debido acogida por parte de los países donde esperan rehacer sus vidas. Pensamos también en las familias que no han sido capaces de mantener la llama del amor y son causa de inseguridad y de angustia por sus hijos; en las que tienen dificultad para llegar a fin de mes por falta de trabajo o de ingresos suficientes. Familias que han sido desahuciadas por no poder hacer frente a pago de su hogar por causa del paro y de la crisis económica, etc, etc. Hay que tener presente que la familia es el lugar de la vida, de la persona, del amor verdadero. Por eso hay que fortalecer la familia, darle los medios que necesita. La familia es muy importante, pero es débil. Es el fundamento de la sociedad, pero no recibe la ayuda que necesita, es la que transmite la fe, los valores familiares y sociales, pero es ridiculizada y debilitada desde instancias ideológicas y políticas.

No se puede negar que una gran mayoría de ciudadanos vive y disfruta con ilusión de la propia familia. Son la mayoría silenciosa que siguen viviendo en el amor, en la fraternidad, en auténtico y verdadero servicio responsable a la vida y que colaboran en la formación de una sociedad sana y activa.

Durante la semana de la familia queremos invitar a todos los miembros de la sociedad que no olviden que en la familia está en juego el bien de la persona, de la sociedad y de la Iglesia. En este momento de cierta incertidumbre política y moral, es necesario que los cristianos sepan aportar todos aquellos valores y fe que son el fundamento de la persona y que abren hacia el camino de la esperanza en medio de las dificultades.

En esta semana de la familia dirigimos nuestros corazones a Dios, que se ha revelado como Padre de todos los hombres, que somos su familia, para que sepamos descubrir nuestra dignidad de hijos, vinculados en la fuerza de la espíritu que vence todo egoísmo, todo mal y nos lleva hacia el descubrimiento y vivencia de la vida verdadera.

 

Mn. Manuel Claret Nonell

Delegado Diocesano de Pastoral Familiar

Arzobispado de Barcelona

Materiales para orar durante la Semana de la Familia 

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