Los jóvenes sienten la luz de Lampedusa

Más de 2000 jóvenes celebran la primera misa de domingo de Cuaresma en la basílica de la Sagrada Familia, convocados por el arzobispo Omella

La cruz de Lampedusa, la misma que ha sido bendecida por el papa Francisco y que proviene de la ciudad de Milán, ha llegado este fin de semana en Barcelona. El domingo, más de 2000 jóvenes de diferentes parroquias de la archidiócesis de Barcelona se reunieron en la basílica de la Sagrada Familia para celebrar la primera misa del domingo de Cuaresma, convocados por su pastor, el arzobispo de Barcelona Mons. Juan José Omella. En la Eucaristía, participaron un gran número de sacerdotes, entre ellos, el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. Sebastià Taltavull, y el delga de Pastoral de Juventud del Arzobispado de Barcelona, Mn. Bruno Bérchez.

La llegada de la Cruz en la basílica dio inicio a la solemne ceremonia. A continuación, cuatro jóvenes compartieron su testimonio con todos los asistentes del acto, haciendo referencia en qué momentos de sus vidas habían sentido la misma Cruz que se exponía ante todo el mundo. Cuatro historias marcadas de sufrimiento, pero a la vez de esperanza y confianza en Dios.

Tres grandes símbolos

Durante la homilía, el arzobispo Omella comenzó destacando que el camino cuaresmal que se iniciaba iba acompañado de tres símbolos «muy significativos«:

«1.- La unión – comunión de todos los grupos juveniles de nuestra Diócesis. Queremos simbolizar que somos Iglesia, familia de Dios, y que nos sentimos dichosos de pertenecer a ella, guiados por Jesucristo, el único y gran Pastor de las nuestras vidas.

2.- La acogida de la Cruz de Lampedusa, que ha llegado a Barcelona desde la ciudad italiana de Milán. Queremos mirarla y contemplarla largamente. Nos hace presente el dolor de Cristo, que murió clavado en la Cruz, y nos hace también presentes nuestros hermanos que sufren, que, incluso, pierden la vida en la travesía del Mediterráneo, intentando huir del hambre, de la guerra, de la violencia y de la persecución.

3.- La adoración de la Cruz. Al final de la Misa tendremos un tiempo largo para poder tocar y besar esa Cruz, y daremos gracias al Señor por haber aceptado morir por nosotros. Oraremos por nuestros hermanos inmigrantes, perseguidos, torturados y violentados, que han perdido la vida en el Mediterráneo o en otros lugares del planeta. «

La ceremonia estuvo ambientada con música todo el tiempo. El grupo de jóvenes de Santa Agnès tocaron y cantaron en varios momentos de la tarde; también participaron los jóvenes del Camino Neocatecumenal con el salmo y la coral de jóvenes filipinos de Barcelona.

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