Los dones del Espíritu

Los dones del Espíritu Santo deben pedirse y aceptar con fe su acción en nosotros. El papa Francisco dice que «no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y que Él nos ilumine

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos.» Es Jesús quien lo promete y, cuando promete, no falla. ¡Confiemos, no estamos solos! ¡Él nos ha dicho que estará siempre con nosotros, cada día! Por eso decimos que el Espíritu Santo nos ayuda en todo, desde hacer posible nuestra relación con Dios hasta capacitarnos para tratar de una manera nueva a nuestros hermanos. Son los signos de vida que pone a nuestro alcance y nos abre a una transparencia que hará posible el testimonio tantas veces anunciado como fundamental en la Iglesia. Es importante profundizar en el sentido de los dones del Espíritu y descubrir constantemente sus frutos.

En la Confirmación, el obispo invita a rezar para que el Espíritu confirme con la abundancia de sus dones a quienes recibirán el sacramento y, con su unción, les configure al Ungido, que es el Cristo, Hijo de Dios. Y, después de rezar en silencio e imponiendo las manos, pide sobre los confirmandos los dones del Espíritu Santo: «Dios todopoderoso, Padre nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado, escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo defensor; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad, y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo, nuestro Señor.» Mientras hace la señal de la cruz en la frente de quien se confirma, dice: «¡Recibe el signo del don del Espíritu Santo!» Con el Amén, respuesta que manifiesta el gozo de la adhesión de la fe, se recibe el abrazo de paz.

Los dones del Espíritu Santo deben pedirse y aceptar con fe su acción en nosotros. El papa Francisco dice que «no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos! (EG 280).

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

 

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...