La incidencia pública de la religión

Vivimos en un Estado no confesional, sin embargo, la sociedad, la gente sigue siendo mayoritariamente religiosa y eso, de hecho, ha configurado y sigue configurando nuestra cultura

Siempre hay alguien interesado en escuchar a quien habla, como también hay quien se decide a hablar en público. El apóstol Pablo lo vive en Atenas, en el areópago, anunciando a Jesús muerto y resucitado, así de claro y en la plaza pública. Le escucha gente religiosa, però también adoran a un Dios desconocido. Una tendencia que muestra la sed de espiritualidad que mueve el corazón humano. Aun así, el anuncio siempre ha estado presente, tanto el explícito como el implícito.

 
Hoy, hay quien se pregunta sobre la legitimidad del derecho de libertad religiosa y la vigencia de sus manifestaciones. ¿Qué significará, especialmente estos días santos, que se saquen a la calle unas imágenes haciendo largos recorridos por nuestros pueblos y ciudades, mostrando el rostro sufriente y desfigurado de Jesús, la pasión de un condenado a muerte y ejecutado en cruz? Y, a continuación, el anuncio de que ¡está vivo, que ha resucitado!
 
Vivimos en un Estado no confesional, sin embargo, la sociedad, la gente sigue siendo mayoritariamente religiosa y eso, de hecho, ha configurado y sigue configurando nuestra cultura. Se trata —nos dice el papa Francisco— «de un sano pluralismo que de verdad respete a los diferentes y los valores como tales; esto no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y a la oscuridad de la dimensión de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas.» Todo el Evangelio está lleno del encargo de Jesús de «Id y predicad» y, a continuación, nos advierte tanto de la alegría de evangelizar como de las dificultades que encontraremos.
 
Cuando se ridiculiza el hecho religioso con imágenes y comentarios irreverentes, cuando es evidente la discriminación de los creyentes en ciertos espacios públicos, ¿se va a favor o en contra del pueblo? Percibimos síntomas de una sociedad enferma que no cree del todo en el valor positivo de la laicidad ni en una democracia orientada al bien común y a la paz social. Por eso necesitamos profundizar en el diálogo social, donde todos podamos aprender de todos, pero siempre en bien de todos.
 
Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca
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