La diversidad se une a San Paulí de Nola

La parroquia de San Pauli de Nola acoge a cristianos de diferentes comunidades para celebrar la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Todas las comunidades cristianas de Barcelona se reunieron este domingo 24 de enero con motivo de la Jornada Mundial de Migrantes y Refugiados. Un día familiar y cercano entre cristianos procedentes de diferentes países y con diferentes culturas. También asistieron los miembros de la Pastoral Social, como el delegado, José María Jubany, los representantes de las diferentes comunidades, así como, el Arzobispo de Barcelona Mons. Juan José Omella, que se sumó a toda la jornada de hermandad y presidió la celebración de la Eucaristía.

Comunión cristiana

Estoy en la puerta y llamo. Me acogeras? Así se titulaba el encuentro, organizado por la pastoral social del Arzobispado de Barcelona con la entidad Caminem Junts en la Diversitat. Tuvo lugar a las 11h de la mañana, cuando todos los feligreses de las diferentes confesiones encontraron ante la parroquia, y empezaron juntos la jornada desayunando con una chocolatada.

A las 12.30h comenzaba la Eucaristía, en la iglesia de San Pauli de Nola, con la participación de las diferentes comunidades, entre ellas la polaca, la guineana, la china, la latina, filipina, entre otros, que con su asistencia, hicieron eco de la riqueza multicultural y la diversidad que agranda la Iglesia.

Homilía

El Arzobispo Mons. Juan José Omella presidió la ceremonia, concelebrada con los diferentes sacerdotes de las comunidades cristianas y por el delegado diocesano de Pastoral Social, Mn. Josep M. Jubany.

El arzobispo con un talante cercano y familiar, comenzó la homilía dirigiéndose a los niños y preguntándoles «¿qué le pedirían a Jesús», captando su atención. Continuó expresando su satisfacción ante la aglutinación de tantas y tantas personas que, a pesar de ser de orígenes diversos y con tradiciones diferentes unían para orar.

Omella aprovechando que esta Jornada Mundial de Migrantes y Refugiados tomaba un sentido muy especial, debido a la crisis de refugiados, dedicó unas palabras a todos los «que llaman a las puertas de la vieja Europa, huyendo de los estragos de la guerra».

Ocio y oración

Tras la celebración, tal como marca la tradición de esta jornada, comieron todos juntos. La comida lo pusieron las diferentes comunidades, algunas con platos típicos de su país. El arzobispo Omella se sumó también a la comida, degustando los diferentes platos y intercambiando charlas entre los comensales.

Por la tarde, no faltó un pequeño espacio de tiempo libre, organizado por el colectivo Caminem junts en la Diversitat, donde diferentes grupos practicaron la comunicación y la expresión haciendo diferentes representaciones teatrales.

La jornada concluyó con una oración de los asistentes para todos los refugiados, que en estos tiempos viven fuera sus casas y lejos de su tierra. Una oración, para que todo aquel que se encuentre en esta situación, cuando llame a la puerta en un lugar desconocido, encuentre la acogida cálido que todo el mundo merece.

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