La Cruz de Lampedusa llega a la Modelo

Después de la parroquia de Santa Agnès, la trayectoria por Barcelona continúa con la Delegación de Pastoral Penitenciaria

El pasado día 7 de marzo, en la prisión Modelo de Barcelona, un grupo de 60 internos y voluntarios junto al capellán, Jesús Bel, O. de M., y el director del Secretariado de Pastoral Penitenciaria, José María Carod, O. de M., acogieron a la Cruz de Lampedusa. Después de un recorrido por diferentes partes del mundo la Cruz llegó a dicha prisión, después de pasar también por la cárcel de Wad-Ras, y continuará su camino por otras ciudades españolas.

“Anestesia del dolor ajeno”

La Cruz de Lampedusa se construyó con tablas de una barca de inmigrantes que naufragó en el año 2013 y donde murieron 349 personas frente a la isla italiana. Por deseo expreso del papa Francisco está recorriendo el mundo para concienciar de la catástrofe tan presente en la actualidad en tantos hombres y mujeres, pero también quiere ser medio para comprender y orar por los hermanos que sufren en su dolor, por los que buscan un mundo mejor y luchan contra lo que el Papa define como la “globalización de la indiferencia” o la “anestesia del dolor ajeno”.

Recorrido de la Cruz

La capellanía de la Modelo la acogió para vivir un momento de oración, de silencio, de reflexión ante la realidad del mundo, pero también ante la realidad personal de cada uno de los que estábamos allí. El acto consistió en realizar un recorrido junto a Jesús con la ayuda de cinco momentos del camino de cruz que tuvo que recorrer, momentos con los que los internos se sintieron muy identificados por la intensidad que provoca el desaliento, la incomprensión, el dolor, pero también la fe, la confianza y la esperanza en Dios. “El que quiera ser mi discípulo, tome cada día su cruz y me siga”.

Nos reunimos en torno a la cruz de Jesús para recordar que su cruz es nuestra propia cruz, por eso, se pidió que no podemos ser meros espectadores, sino que hemos de implicarnos en nuestra propia historia para ser capaces de realizar un cambio y luchar por un mundo más justo, porque la muerte de Jesús sigue repitiéndose cada día y existen pequeñas muertes que podemos evitar.

Fragilidad humana 

Esta Cruz se acoge con emoción, dolor, gratitud, signo de muerte, pero también de esperanza y resurrección porque el Dios crucificado no es ajeno al sufrimiento del ser humano. Esto es visible cuando los internos se sitúan delante de la Cruz para rezar, pedir, dar gracias… o simplemente, para estar.En este momento se aprecia y percibe al ser humano en su punto más sincero y real. La debilidad y fragilidad humana hacen morada en este instante porque como dice San Pablo, “cuando soy débil es cuando verdaderamente soy fuerte”.

  

Agradecemos estos momentos gratuitos que se nos regalan y que se viven con intensidad, y confiamos que el recorrido que realiza la Cruz, dadora de vida, siga dejando buenas sensaciones y fortaleciendo la fe y vidas de las personas que la acogen.

Sor Conchi García

Dominica de la Presentación

Voluntaria del SEPAP

 

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...