Iluminados o deslumbrados

El deslumbramiento provoca aquella ceguera que impide ver con transparencia las cosas como son, ver su verdad

Dos experiencias muy diferentes una de otra. Qué fácil es dejarse deslumbrar cuando las aspiraciones son puramente superficiales. El deslumbramiento provoca aquella ceguera que impide ver con transparencia las cosas como son, ver su verdad. El deslumbramiento vive de la apariencia y no capta la realidad tal y como es, ni tampoco ve a las personas tal y como son. El deslumbramiento puede venir del exterior cuando quedamos impresionados por el ofrecimiento de éxito sin esfuerzo o la adquisición de dinero fácil; fácilmente cedemos a la tentación del prestigio, del poder, del engaño. También puede venir de uno mismo, cuando impera el orgullo de situar al propio yo en el centro de todo.

En la oración decimos «el Señor es mi luz y mi salvación», después de escuchar que «el pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz», es la luz de la liberación, la guía que recibe quien necesita ser iluminado. Si creemos que Jesús es la luz del mundo y que nosotros también somos luz, su vida debe inundar la nuestra, para quedar iluminados por su Palabra y por la fuerza renovadora de los Sacramentos. De este modo, no solo lo vemos claro desde nuestro interior, sino que percibimos la belleza de la rica variedad de la vida cristiana, que se manifiesta en tanta gente sencilla y humilde que vive la alegría del Evangelio porque se ha encontrado con Jesús.

En el Evangelio vemos que Jesús llora cuando, contemplando la ciudad, esta no se deja iluminar por su palabra ni por su proximidad y ternura. El dinamismo de una Iglesia «en salida» deberá ser, pues, propagar esta luz que es Cristo en persona y el Evangelio, rechazando el deslumbramiento de la mundanidad espiritual que busca más la gloria humana y el bienestar personal que la gloria de Dios y los intereses de Cristo. Así, reconstruimos la Iglesia poniéndola en movimiento de salida de ella misma, de misión centrada en Jesucristo y en la atención a los pobres. Hagamos que muchas zonas oscuras de nuestra vida personal y social queden bien iluminadas por Cristo y el Evangelio.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca
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