Gozar del silencio contemplativo

Cualquier situación que se vive desde la disponibilidad o desde la precariedad, no debe ser un obstáculo para que el corazón pueda expresar y vivir lo que siente.

El tiempo de verano da para mucho si el ritmo laboral permite un cierto relajamiento y podemos encontrar espacios que inviten a la contemplación y al silencio. Ya sabemos que esto no es fácil cuando el frenético ritmo laboral lo impide o la necesidad lo condiciona porque el sufrimiento del paro no lo permite. Sin embargo, cualquier situación que se vive desde la disponibilidad o desde la precariedad, no debe ser un obstáculo para que el corazón pueda expresar y vivir lo que siente.

El silencio es necesario en la vida, no el que está vacío y se sufre, sino el que está lleno y se disfruta. Un cambio de ritmo y de lugar en la actividad diaria, el contacto directo con la naturaleza u otros espacios que nos oxigenan, la oportunidad de restablecer vínculos familiares y de amistad, compartiendo más aquellos momentos que a lo largo del año no se presentan. Todo esto facilita unidad y equilibrio y desvela nuevas posibilidades de hacer y hacernos el bien.

El papa Francisco dice que el Pobre de Asís «era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior» (LS 10).

Este es el reto que debemos asumir. Es inconcebible que haya momentos en los que no hacemos el esfuerzo de entender que todo es de todos y no solo nuestro, y que debemos contribuir a ello edificantemente. Quizá nos falta interioridad, silencio contemplativo, capacidad de escucha, voluntad de ceder cuando vemos que el otro también tiene razón.

El variado y bello campo de la creación, montañas y mar, casas y calles, iglesias e instituciones, también con sus ambigüedades, es el escenario en el que encontramos o debemos ayudar a poner una nueva manera de estar presentes y un nuevo estilo de hacer, de pensar, de hablar y de vivir. También como Francisco podemos ser el ejemplo del cuidado del que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad.

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

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