¡En casa del carpintero hay novedades!

Cuando en la Iglesia vivimos la sencillez de una acogida hecha con el corazón, nos convertimos espontáneamente en buena noticia, en alegría para todo el pueblo

La noticia proviene de la calle. Además, dice que es profecía y que todos la conocen. ¿Qué más podíamos esperar de unas fiestas de Navidad que ya están a la vuelta de la esquina?… Dios nos sobrepasa y, cuando habla y le escuchamos, ni la propia persona puede digerir todo lo que le dice. Por eso, debemos realizar un gran ejercicio de escucha, un gran aprendizaje de diálogo, mucha humildad y dejarse amar: esto es la oración.

 
Claro que hay novedades en casa del carpintero. Todos sabemos quién es él, quién es María y cuál es la «casa». Es más, jamás han tenido casa, no les han dejado entrar en ningún sitio, porque la casa que los ha acogido es muy pequeña y humilde: un establo. Parece casi imposible que este escenario reciba la noticia más trascendente de la historia de la humanidad y que los profetas ya habían predecido: Dios pide permiso para estar entre nosotros y busca acogida. Dios, que es amor, solo ha encontrado un establo.
 
Cuando se complica tanto la llegada de refugiados a nuestro país —es el propio Jesús quien pide ser acogido— y la desconfianza crece en todas partes, debemos abrir el corazón a la novedad de una nueva forma de acoger. El «refugio» ha sido una cueva convertida en establo, lugar de la presencia de Dios, espacio confortable para que los excluidos puedan entender que recuperarán la dignidad que han perdido o que les ha sido negada. Cuando en la Iglesia vivimos la sencillez de una acogida hecha con el corazón, nos convertimos espontáneamente en buena noticia, en alegría para todo el pueblo.
 
La experiencia de cada día nos lo muestra: como Jesús, una Iglesia marginal en medio del pueblo, una Iglesia pequeña comunidad vulnerable, una Iglesia que vive siempre en situación de provisionalidad, también marcada por la actitud de pobreza y la necesidad del compartir. Como un establo, ya que este jamás es un lugar definitivo. Es lo que estamos reflexionando y rezando en este Adviento que nos introducirá a celebrar la Navidad. Encaminemos nuestros pasos hacia ella siendo y haciendo una Iglesia que ha creído en la novedad de la casa del carpintero.
 
Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca
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