El primer y principal anuncio

El gran bien que la catequesis y los/las catequistas hacen en la Iglesia y en el mundo, proviene de un trabajo discreto, donde con la ayuda insustituible de los padres y de toda la familia, es posible hacer realidad la misión que Jesús nos ha encomendado

La palabra que el papa Francisco ha dirigido especialmente a los catequistas en el Jubileo de la Misericordia ha resonado con fuerza cuando nos ha dicho que no dejemos de poner por encima de todo el anuncio principal de la fe, que es «¡El Señor ha resucitado!». No hay un contenido más importante, más sólido y actual. Lo ha concentrado en esta profesión de fe: «El Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, está a tu lado y te espera todos los días. ¡Nunca debemos olvidarlo!»

Sin embargo, ¿cómo hacer vida esta fe en el corazón de nuestras parroquias y grupos cristianos, en un momento en el que todos conocemos las dificultades que, desde dentro y fuera de la Iglesia, nos están condicionando tanto? Este primer anuncio tan positivo de la catequesis necesita el calor de la familia y el contagioso testimonio de unos padres que lo vivan en primera persona. De aquí la necesidad de ayudarles a ver con los ojos y sentir con el corazón, vivencia que nos haga ir más allá de toda superficialidad e indiferencia.

¿Cómo transmitirlo con ardor misionero y sin complejos? «Estamos llamados a vivir y a anunciar —dice el papa Francisco— la novedad del amor del Señor: Jesús te ama de verdad, tal y como eres. Déjale entrar: a pesar de las decepciones y heridas de la vida, dale la posibilidad de amarte. ¡No te defraudará!» Y añade: «A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde…» Jamás la tristeza.

El gran bien que la catequesis y los y las catequistas hacen a la Iglesia y al mundo, proviene de un discreto trabajo, realizado en la cotidianidad de nuestros centros cristianos, donde con la ayuda insustituible de los padres y de toda la familia, es posible hacer realidad la misión que Jesús nos ha encomendado de ir y anunciarlo a todo el mundo. Muchos esperan que alguien se lo diga.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca
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