El Papa Francisco acelera las nulidades matrimoniales gracias a dos nuevos 'motu proprios'

'Mitis ludex Dominus Iesus' y 'Mitis et misericors Iesus' son las cartas que reforman el proceso canónico de declaración de nulidad en el Código de Derecho Canónico latino y en el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, respectivament

Hará casi un año, el Papa Francisco criticó el proceso de nulidad matrimonial y lo calificó como largo, pesado y caro: «¡Cuánta gente espera durante años una sentencia!», decía el Santo Padre. Ahora, a tan sólo un mes del inicio del Sínodo de Obispos Ordinario sobre la Familia, Francisco ha publicado dos motu proprios, Mitis ludex Dominus Iesus y Mitis et misericors Iesus, en el que reforma y acelera el proceso canónico de declaración de nulidad en el Código de Derecho Canónico latino y en el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, respectivamente. Los documentos se han presentado este martes por la mañana en la Sala Stampa del Vaticano.

¿Qué es la nulidad matrimonial?

Se define como el proceso canónico que constata si existen motivos por los que el matrimonio se declare nulo -y no anulado- ya que se debe tener muy presente la indisolubilidad del mismo. Hasta ahora, la dificultad del proceso de nulidad recaía en el tiempo de estos procesos, que superaban el año. Es por ello que el Papa Francisco pidió a la Comisión especial para la Reforma del proceso matrimonial canónico -formada por cuatro grandes expertos- que, sin desestimar la sustancia y el procedimiento habitual y teniendo en cuenta el debate generado en el Sínodo extraordinario sobre la familia, extrajesen unas conclusiones que sirvieran para acelerar este proceso canónico de declaración de nulidad.

Nuevos cambios introducidos

Con la promulgación de este motu propio, el proceso se agiliza en gran medida. En los casos evidentes en los que ambos cónyuges estén de acuerdo en reconocer que no existió matrimonio entre ellos, la nulidad se podrá tramitar en tan sólo un mes y será totalmente gratuita. Y es que, a partir de ahora, sólo será necesaria una única sentencia para declarar nulo un matrimonio. No será necesario, por tanto, acudir a la Rota Romana como se hacía hasta entonces.

Para facilitar este proceso, el Papa Francisco ha dictaminado que sea el obispo de cada diócesis quien ejerza como juez. Incluso este mismo obispo -que puede delegar a un tribunal colegial su función- podrá declararlo nulo casi de forma inmediata. Esto supondrá que los solicitantes de este proceso no se desvinculen de la comunidad parroquial a la que pertenecen, como él mismo alertó hace unos meses: «¿Cómo podemos pedir a estos padres [que piden la nulidad] educar a sus hijos en la vida cristiana si están alejados de la vida de la comunidad?». En definitiva, es la «preocupación de la salvación de las almas» lo que inquieta al Santo Padre.

Los pobres, en el centro

El Papa ha decidido presentar este documento tras el primer sínodo para demostrar la convergencia unánime de los obispos en el último encuentro, esperanzado en que sea acogido con amor y servicio. Esta descentralización del proceso, se ha alertado, no será automática ni fácil de implementar y necesitará que el obispo, una vez al mes, tenga la certeza moral de que el vínculo no es válido. La apertura y la reforma de este proceso de nulidad matrimonial se centra, por tanto, en los obispos y requiere una apertura honesta en mente y corazón a la masa del pueblo.

«El empuje reformador está alimentado por el gran número de fieles que, a pesar de que deseen estar en paz con su conciencia, a menudo están separados de las estructuras jurídicas de la Iglesia debido a la distancia física o moral; de ahí que la caridad y la misericordia exigen que la misma Iglesia como madre se acerque a los hijos que considera separados», se puede leer en el motu proprio.

Así, Francisco pone de nuevo en el centro a los pobres, ya que considera que los divorciados son pobres de espíritu.

Inspirado por la Virgen María

No es coincidencia que el texto se haya publicado en una fecha mariana, el 8 de septiembre: Natividad de María. Incluso la institución de esta nueva norma canónica se decreta para el 8 de diciembre, la Inmaculada Concepción. Y es que la Virgen acompañará y asistirá a los obispos en esta tarea que se les encomienda.

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