El domingo de los domingos

Esta noche hacemos una vigilia para que el Señor, al resucitar, nos encuentre reunidos en oración y cantando su alabanza

De este domingo sólo se pueden cantar las alabanzas. Todo va más allá de lo que nosotros podríamos esperar.

Contemplando este domingo, decimos: “Este es el día en que ha actuado el Señor”, el día que ha hecho el Señor, podríamos decir, el día que es obra de Dios, el día que hay que añadir a los siete días de la creación, el día octavo, el de la nueva creación, el día en que, más allá del tiempo, como trascendiéndolo, comienza a hacerse realidad el mundo nuevo de la humanidad redimida.

Por esto se convierte en el domingo de los domingos, en el domingo señorial por excelencia, el que hace que el domingo sea con plenitud el día del Señor, aquel domingo que es el día primero, porque con la resurrección de Cristo todo vuelve a comenzar; el día octavo, porque la resurrección de Cristo hace que todo entre en un tiempo que está por encima del nuestro, en un tiempo que lo trasciende, que es eterno.

Este domingo lo empezamos a celebrar de noche, en vigilia, lo empezamos a celebrar despiertos, esperando el momento de la resurrección del Señor, para poder estar presentes y vivir este momento único y singularmente importante en el plan divino de la salvación del mundo.

Esta noche hacemos una vigilia para que el Señor, al resucitar, nos encuentre reunidos en oración y cantando su alabanza. La vigilia de esta noche es para mantener viva en nosotros la llama de la esperanza en la santa y gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Lectures del día: 1aL: Gn 1,1-2,2 / 2aL: Gn 22,1-18 / 3aL: Ex 14,15-15,1a / 4aL: Is 54,a-14 / 5aL: Is 55,1-11 / 6aL: Ba 3,9-15.32-4,4 / 7aL: Ez 36,16-17a.18-28 / 8aL: Rm 6,3-11 / Sl 117 / Mt 28,1-10 

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