Diáconos, artesanos del servicio

Estamos ante una vocación, la del diaconado, que pide más reconocimiento y atención por parte de todos, obispos, presbíteros y laicos, no solo por la necesidad de este carisma, sino por el bien social hacia el tiempo que vivimos

Una experiencia de comunión con toda la Iglesia la que han compartido en Roma los cuatro mil diáconos de todo el mundo y sus familias con el papa Francisco y los obispos y presbíteros que los acompañamos. El motivo, la celebración del Jubileo de la Misericordia. Han sido intensos momentos de oración, celebración y catequesis vividos en torno a una única misión recibida del Señor y orientada al servicio de la comunidad cristiana para el bien de la sociedad que debe recibir el Evangelio.

Estamos ante una vocación, la del diaconado, que pide más reconocimiento y atención por parte de todos, obispos, presbíteros y laicos, no solo por la necesidad de este carisma, sino por el bien social hacia el tiempo que vivimos. Reconocimiento y atención para que sean muchos los que se pregunten sobre la posibilidad de su vocación diaconal, que puede ser vivida desde un compromiso personal y familiar.

El papa Francisco ha hablado de tres aspectos que hacen del diaconado un atractivo evangélico de vida: la disponibilidad, la mansedumbre y el diálogo con Jesús. San Policarpo dice que Jesús se ha hecho diácono de todos y san Pablo nos enseña a «aspirar a ser un siervo». El papa Francisco dice que si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, la única manera de ser discípulo de Jesús. Su testimonio es quien hace como él: quien sirve a los hermanos y hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio.

Para muchos, la misión del diácono en la Iglesia aún está por descubrir. Es necesario entusiasmarse en el afán de profundizar en ella dentro de nuestras comunidades, familias y grupos cristianos, porque esta es una opción privilegiada de servicio. Vivir la entrega de uno mismo como opción de amor comenzando por la propia familia y haciéndolo extensivo a todos, regalando tiempo y cualidades, estando presentes y teniendo las mismas preferencias que Jesús, que se ha convertido en nuestro siervo, y que no ha venido a ser servido, sino a servir.

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

 

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