Desde la pastoral del tráfico, ¡feliz Navidad!

En estos días en los que se coge el coche o la moto para estar en familia, hay que reflexionar sobre una conducción segura y sobre los peligros en la carretera

Una Nueva Navidad llama a la puerta para recordarnos un hecho que hizo historia, que sigue siendo reconocido por muchas religiones y que para los cristianos, tiene el sentido del agradecimiento a Dios por venir a este mundo para darnos una Nueva luz. La Luz que recordaremos durante la Fiesta de la Pascua.

Ahora bien, es conveniente recordar que el mensaje de este hecho queda mucho en un segundo plano por imposición de los criterios del consumismo, la laicidad de los políticos y otros estamentos de borrar todo lo que ha sido, es y será un hecho que fue y es realidad.

Como bien todos sabemos, son unos días de recogimiento familiar para reencontrarnos con aquellos que hace tiempo que no vemos o que nos gusta compartir horas de compañerismo. Y para hacer esto nos desplazamos de algún modo u otro: a pie, en coche o moto y con otros como el tren o el avión. Pero SIEMPRE estamos en movimiento.

¿Qué podemos aportar todos en estos días en el mundo de la movilidad? Para los que conducen, ser conscientes de que el hecho de conducir nos debe unir y no separar, compartiendo los espacios, ser amables, solidarios y olvidar la agresividad.

Y para los que somos peatones, ser conscientes de nuestra vulnerabilidad y hacer del caminar o pasear motivos de júbilo procurando no cometer irregularidades utilizando los lugares destinados para cruzar las calles mirando en todas direcciones antes de hacerlo.

Seamos conscientes de olvidar los móviles en la conducción y en el caminar para estar en alerta de los peligros que esto representa para todos: es una herramienta muy práctica pero puede ser y es la causa de sufrir lesiones o muerte. Hemos de evitar cualquier tipo de distracción.

Y estas pautas no olvidarlas ningún día del año. Todos nos beneficiaremos de tenerlas siempre presentes.

¿Y cómo se puede conseguir? Es muy sencillo: hacer las cosas con tiempo, ser conscientes del día que tenemos por delante y la esperanza de volver a casa con la ilusión de reencontrarnos con los nuestros.

No podemos olvidar que la vida es un don y un regalo que debemos disfrutar y compartir por el solo placer de existir con todos y, en especial, con aquellos que por motivos diversos, no están atravesando el mejor momento. También debemos estar a su lado.

Seguro que tendremos una Navidad con mucha Paz compartiendo estos buenos deseos con Jesús, María y José y repartiendo la misericordia de Dios en nuestros ambientes.

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