Caminad mientras tenéis luz

Es necesario llenar el vacío que experimentamos cuando el referente de la oración, del diálogo con Jesús, no tiene cabida en nuestra franja horaria

Buscamos la luz, buscamos la paz, buscamos a Dios… Somos muchos los que estamos en esta onda de sincera y humilde búsqueda. Explícita e implícitamente. El secreto es Jesús, pero, ¿qué hacer para estar con él? Lo digo para responder a una pregunta que la gente nos hace a menudo con una cierta inquietud, la de no saber rezar. Es necesario llenar el vacío que experimentamos cuando el referente de la oración, del diálogo con Jesús, no tiene cabida en nuestra franja horaria. He aquí una propuesta de actitudes:

 
La primera tiene que ver con la conciencia de nuestra propia debilidad, como la recoge Pedro con aquella expresión ante Jesús reconociéndose pecador: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8). ¡Jesús le acepta así y le confía mucho!
 
La segunda es la confianza. Por parte de Jesús hay una invitación positiva que marcará definitivamente la vocación apostólica de confirmar a los hermanos en la fe: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). Lo dejaron todo y le siguieron.
 
La tercera actitud está hecha de humildad, de silencio, de adoración, de reconocimiento de las propias incapacidades, actitud teologal incluso importante desde el punto de vista psicológico porque en ella encontramos tranquilidad y nos coloca en actitud receptiva, siempre más capaz para recibir que para sentirse autosuficiente.
 
Podemos seguir con la voluntad de asumir las características fundamentales de la oración, como son «saber escuchar», «aprender a hacer silencio interior», «dejarse conducir», «dejarse seducir». Frente a esto, me pregunto: ¿Qué hacía y cómo lo hacía Jesús en aquellas largas noches que pasaba en oración, dejándolo todo y a todos, a solas? El discípulo misionero deberá aprenderlo y actuar igual.
 
Finalmente, la actitud que mantiene la alegría de dar tiempo a Dios. La impaciencia en la oración siempre crea situaciones de angustia, quema etapas necesarias de crecimiento y dificulta la serenidad con la que debe vivirse la fe. Por eso, es necesario vivir lo que es «estar con Él», disfrutando de esta proximidad que, sin duda, es positivamente contagiosa y transportable.
 
Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca
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