Barcelona celebra la canonitzación de la madre Teresa

El arzobispo Omella destaca las tres enseñanzas de Santa Teresa de Calcuta; ser santo, servidor de los pobres y con espíritu de oración

Cientos de devotos y voluntarios de las gérmenes Misioneras de la Caridad, se congregaron en la iglesia de San Agustín para celebrar una misa de acción de gracias por la reciente canonización de la Madre Teresa de Calcuta.

El arzobispo de Barcelona, ​​Mons. Juan José Omella presidió la celebración, junto con el cardenal arzobispo emérito, el Dr. Lluís Martínez Sistach, el obispo auxiliar, Mons. Sebastià Taltavull y los obispos eméritos Joan Godayol y Gaspar Quintana, de Ayaviri (Perú) y Copiepó (Chile), respectivamente.

Apóstola de la caridad

Fue una celebración para recordar quién era la Madre Teresa, a través de sus palabras y de su testimonio, que recordó el arzobispo, durante la homilia, destacando las tres enseñanzas que la madre Teresa ha dejado: ser santo, entregar la vida al servicio de los más pobres y el espíritu de oración. Tres pilares que la llevaron siempre a «disposición de todos, por medio de la acogida y la defensa de la vida«, y que lo ha hecho un referente de los pobres.

Tal como ella decía- recordaba el arzobispo – «servir a los pobres es escucharlos, atenderlos, sonreírles, valorarlos y ayudarles a descubrir que Dios los ama y ha entregado su vida por ellos». Omella agradeció a las hermanas misioneras de la caridad su labor de servicio a los más necesitados, andando según el testimonio de la madre Teresa. Agradeció «la fuerza, el imán para atraer a la gente e introducirlos en el gozo del servicio».

También se dirigió a todos los voluntarios y cooperadores con agradecimientos de las hermanas que se suman a las tareas imitando a la Santa, una «gran apóstola de la caridad». «Dejemos que sus palabras y su testimonio resuene en nuestros corazones y que nos impulse a hacer el bien y llenar de buenas obrs cada uno de nuestros días», se despidió el arzobispo.

Veneración de la reliquia

Terminada la celebración, se veneró la reliquia de la Santa y se entregó una medalla suya a todos los presentes, el arzobispo incluido, quien luego se sumó con todos a un pica pica a las disposiciones de las Misioneras de la Caridad.

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