Abramos el corazón a la misericordia

El santo Padre recordó que para convertirse no hay que esperar eventos prodigiosos

«Ignorar a los pobres es menospreciar a Dios». Dos veces repitió esta frase el Papa Francisco durante la audiencia general del tercer miércoles del mes de mayo. Durante el acto, habló de la relación que existe entre pobreza y misericordia, apoyándose en la parábola del rico y Lázaro, descrito en el capítulo 16 del Evangelio de San Lucas.

Lázaro el pobre

Enmarcado en el Año de la Misericordia, el obispo de Roma advirtió que en esta parábola de San Lucas, el rico aparece sin nombre y el pobre responde al nombre de Lázaro (que significa «Dios ayuda»), haciendo una clara referencia a la predilección que tiene Dios por los pobres. Además, señaló que «Lázaro restó en la puerta para llamar la atención al rico porque se acuerde de Dios», presente en los más débiles. Con esta sentencia quiso interpelar a los oyentes a pensar cuántas veces se ha fingido no ver a aquellas personas necesitadas que tenemos más cerca.

Importancia de la Palabra de Dios

Refiriéndose a la segunda parte de la parábola, el Papa reflexionó sobre «el gran abismo» que separa a Lázaro del rico, una vez muertos los dos, en comparación con la puerta que los separaba en vida. Afirma que, «mientras el rico tenía a su lado, justo en la puerta, a Lázaro, no le hizo caso; ahora que los separa un abismo, lo llama por su nombre». Con esta idea el pontífice dejó claro que «la misericordia de Dios depende de la misericordia que tenemos con los demás. Si no abrimos el corazón al prójimo, quedará cerrado para recibir la misericordia divina». Por último, exhortó a los presentes a leer y escuchar la Palabra de Dios, «que nos llama a amar a Dios y a los demás».

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