El Cardenal presideix la festa de sant Pedro Poveda

[TRADUCCIÓ PENDENT] [Institución Teresiana] “La fe cristiana no se puede esconder, ha de estar presente en la convivencia social. San Pedro Poveda da ejemplo de la fortaleza y de la valentía en la confesión de la fe, cuando entregó su vida cruentamente, mártir de la fe, aquel 28 de julio de 1936, en Madrid, confesando [...]

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[Institución Teresiana]

“La fe cristiana no se puede esconder, ha de estar presente en la convivencia social. San Pedro Poveda da ejemplo de la fortaleza y de la valentía en la confesión de la fe, cuando entregó su vida cruentamente, mártir de la fe, aquel 28 de julio de 1936, en Madrid, confesando a quienes le conducían: Soy sacerdote de Jesucristo”, expresó D. Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia, en la eucaristía concelabrada con varios sacerdotes y una numerosa presencia internacional en la festividad de san Pedro Poveda, ayer 28 de julio, en Los Negrales.

La celebración tuvo lugar desde las 19,00 horas en la Casa de Santa María de Los Negrales donde se veneran los restos de san Pedro Poveda, con el particular marco de la XVII Asamblea General de la Institución Teresiana inaugurada el pasado día 25, y que cuenta con noventa representantes de los diferentes países en los que está presente dicha Institución.

El cardenal D. Lluís Martínez Sistach dijo que “es muy importante la intuición inspirada por el Espíritu del Señor, que tuvo san Pedro Poveda del papel relevante de los laicos cristianos en el mundo, anticipándose a los contenidos eclesiológicos del Concilio Vaticano II”. Así como destacó “la audacia de san Pedro Poveda en el anuncio del Evangelio y la fortaleza en la confesión de la fe. Ambos aspectos – afirmó – son de una actualidad diáfana e incontrovertible. Hoy es también, y si cabe más, urgente el anuncio del Evangelio. La Iglesia vive el reto de la primera evangelización -Ad gentes- y de la nueva evangelización en países como los nuestros de mucha secularización y descristianizació”.

En la monición de entrada, Loreto Ballester, directora general, dijo que “la Institución Teresiana se dispone a iniciar el segundo centenario, cuando con la Iglesia, a los cincuenta años del Concilio Vaticano II, convoca el Sínodo de la Nueva Evangelización, por los que deseamos que esta celebración de la eucaristía sea, al tiempo que acción de gracias, compromiso que empeñe nuestras vidas“.

Y agradeció la bendición de S.S. Benedicto XVI enviada con ocasión de la XVII Asamblea General, en la que exhorta `siguiendo las huellas y el ejemplo de san Pedro Poveda a continuar identificándose cada día con Jesucristo, a acoger con corazón humilde y solícita docilidad su Palabra, anunciándola con renovado ardor, afrontando también desde la fe, y en estrecha comunión con los pastores de la Iglesia, los retos del mundo actual´.

La directora general invitó a que se destinara la colecta de la celebración para contribuir a sostener el proyecto Chinautla de Guatemala,de trabajo con niños y jóvenes en áreas de alto riego juvenil.

La eucaristía, solemne al tiempo que rica en signos, contó con la participación de un numeroso grupo internacional, además de las familias, amigos, antiguas y antiguos alumnos, miembros de las asociaciones y del movimiento de jóvenes de la I.T. que se hicieron presente. Posteriormente se ofreció un vino español en los jardines de la Casa.

Lectura del testimonio de quienes encontraron el cuerpo sin vida de Pedro Poveda

En la mañana (del 28 de julio) participantes en la XVII Asamblea General de la I.T. se convocaron para “evocar, hacer memoria, memoria que pasa por el corazón, de la vida de Pedro Poveda en sus últimos momentos”, según expresara Loreto Ballester al guiar el momento de reflexión y oración.

En la capilla donde se veneran los restos de san Pedro Poveda se leyó el testimonio de María Astudillo y Emma Álvarez, escrito el 29 de julio de 1936, sobre la búsqueda de Pedro Poveda en la noche del 27 de julio, después de haber sido llevado de su casa de la calle de la Alameda 7,  hasta el encuentro del cuerpo martirizado, en la madrugada del día 28. El relato fue leído por distintas personas. “Muchas voces para una sola narración tomando el relevo de `aquellas primeras´ que le encontraron. Narración que nos habla de un hombre `identificado con Cristo Crucificado como tantos hombres y mujeres que llevaron su compromiso hasta la muerte y una muerte de Cruz’”.

Al final hubo un recuerdo agradecido de todas las realidades en las que se encarna el carisma de la Institución Teresiana. “Con la duda de si se hace camino al andar o es el camino el que nos hace…”.

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